Los parámetros temporales de la inmigración Piamontesa a Paysandú[1] se ubican desde la segunda mitad del siglo XIX a la primera del siglo XX, es decir entre 1860-1950[2].  Un hecho histórico importante a tener en cuenta en este contexto, es la llegada y afirmación de la Revolución Industrial en Italia. Más que nada, la problemática de las grandes ciudades (urbanización, desocupación, inmigración campo-ciudad, etc.). Estos datos históricos son simplemente orientadores para entender las causas de la inmigración italiana al Río de la Plata, que podríamos resumir en: guerra, hambre, deseo de trabajar  y espíritu aventurero.

 

Entonces como primera conclusión, podríamos afirmar que el aporte de los italianos a Paysandú ha  sido fundamentalmente desde la demografía- permitiendo el aumento numérico de un Paysandú pequeño y despoblado – hasta el económico y cultural. Pero fundamentalmente en el campo de la pequeña e inicial industria. Ahora bien, ¿cuál es el aporte de los Piamonteses particularmente?

Pues bien, los Piamonteses están presentes en Paysandú, de distintas formas. En lo económico, a través de la industria, como propietarios o como trabajadores. Aquí llegan los Bassotti, Giraldo, Bertinat, Bisio, Guazzone,Giordano, Fracchia, Bracco, Gregorio, Càmera, Borsani, Ghibaudi,Tasso, Pinna, Bòffano, Masón, Levaggi, Guidobono, Carbone,Berton, Planchòn, Armand Ugon y Armand Pilón, entre tantos otros…

Son estos inmigrantes  los que se afincan en el departamento de Paysandú y  principalmente  en su  ciudad capital, comenzando  a desarrollar una fuerte actividad comercial, que sería muy próspera a inicios del siglo XX. Aquí es de destacar muy especialmente el aporte en la industria vitivinícola, donde tuvieron un lugar de primer orden el aporte piamontés en Paysandú. Porque don Francisco Beccaría, oriundo de Piamonte,   fue el primero que comenzó la elaboración de vinos en Paysandú, fundando la bodega que más tarde llevó su nombre.

A él, lo acompañaron en esos tiempos otros vitivinicultores de origen italiano como  Pedro Granzella, Domingo Tagliani, José y Domingo Falcone. Pero también, los Salesianos[3] del Colegio Nuestra Señora del Rosario. Recordemos que los “hijos de Don Bosco”, provenían del Piamonte también, precisamente de Torino y sus alrededores. Con respecto a los Salesianos, aquí vemos otro aporte importante, como es el religioso[4] y el educativo, a través de sus colegios “Don Bosco” y “Nuestra Señora del Rosario”, ambos fundados alrededor de 1885.

En el ámbito sanducero es muy clara la presencia filosófico- religiosa de los italianos católicos, pero también de italianos liberales y de italianos Masones, como en todo el territorio uruguayo de fines del siglo XIX y principios del XX.

 Recordemos también a la Escuela italiana que comenzó a funcionar en el año 1885, al que concurrían los hijos de inmigrantes italianos que vivían en Paysandú y  era financiada por la Sociedad italiana “Unione e Benevolenza”. Porque está inmersa en el concepto de que “la existencia de instituciones culturales italianas debe ser ubicada en el seno del asociacionismo que se dio, como una serie de organizaciones de carácter regional, la inmigración procedente de aquel país[5]

A  todo lo expuesto anteriormente, se deben sumar los aportes culturales y especialmente artísticos, que se ven reflejados en las hermosas construcciones arquitectónicas y en detalles escultóricos de relevancia, en la ciudad de Paysandú, pero fundamentalmente en el Cementerio viejo, conocido como “Monumento a  Perpetuidad”, de alto valor patrimonial.

Otro elemento, es sin duda el aporte gastronómico, que ya hemos mencionado. Del Piamonte a Paysandú, llegan y se establecen en la cocina familiar sanducera especialmente  el vino y el queso.

El logotipo de la “Associazione Piemontese nel mondo di Paysandú”, es un fiel reflejo de todo lo anteriormente expresado. Porque dentro del perímetro de  la región se encuentra la bandera de Paysandú, acompañadas por las banderas uruguaya, italiana y del Piemonte.

Como conclusión final utilizaremos  las palabras del Profesor Mario Dotta “Así quedan en Montevideo y en muchas ciudades del interior, huellas de esa impronta-la presencia italiana en el Uruguay- plasmada en edificios públicos, privados, iglesias, palacios de las diferentes asociaciones de inmigrantes, panteones, monumentos, etc.., ejemplos que hasta hoy nos conmueven y que son la base fundamental del patrimonio nacional” y agregar por nuestra parte, que el aporte de los Piamonteses a Paysandú ha sido fundamental en la formación del “ser sanducero”. Sus familias trajeron trabajo y oficio y dejaron sus semillas en una tierra hospitalaria, formando juntos el Paysandú de hoy.

 

Profesora MARIA JULIA BURGUEÑO


[1] Departamento situado en el Noroeste de la República Oriental del Uruguay.

[2] Recordar que la década del ’60 marca el inicio de la gran inmigración europea al Uruguay.

[3] Nombre que se le da a los Sacerdotes de la Congregación católica San Francisco de Sales, fundada por Juan Bosco en Italia y que llegan a Uruguay en 1876.

[4] Son los responsables eclesiásticos de varias parroquias, entre ellas la de la Basílica Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo.

[5] Dotta Ostria, Mario: “Inmigrantes, curas y masones”. Mont.,2005

El primer frigorífico argentino
Por
Aída de Pauli

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Este material se encuentra publicado en internet en http://www.ateneohyv.com.ar/Regional/primer_frigorifico.htm

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             Poderosa influencia ejerció el ganado vacuno en el desenvolvimiento social y económico del Río de la Plata. Las vacas traídas por los colonizadores en el siglo XVI se multiplicaron prodigiosamente por la fertilidad de nuestras pampas, lo que dio origen a la industria de los saladeros, primero, y de los frigoríficos, más tarde.

            La primera exportación de carnes desde el Puerto de Buenos Aires tuvo lugar en 1603, fecha en la que se embarcaron quinientos quintales de cecina. Esta consistía en carnes cortadas en tiras delgadas y angostas secadas al sol con un poco de sal. Los embarques continuaron hasta 1655, en que se puso término a esa primera etapa del comercio de carne en el Río de la Plata.

            El primer saladero que hubo en territorio argentino, perteneció a dos ingleses: Roberto Staples y Juan Mc Nalle, y se instaló en octubre de 1810, es decir a los pocos meses de la Revolución de Mayo, en la Ensenada de Barragán.

            Entre 1815 y 1816 se instalaron varios saladeros en la zona situada entre el Riachuelo y Ensenada. Entre ellos, el de Las Higueritas, en el partido de Quilmas, que pertenecía a Luís Dorrego, Juan Manuel de Rosas y Juan Nepucemo Terrero, y que comenzó a funcionar el 25 de Noviembre de 1815.

            La industria de la saladería tuvo épocas de franca prosperidad, como la posterior a la batalla de Pavón, septiembre de 1861.

            Sin embargo, veinte años después iba a ser desplazada por los frigoríficos, que significaban la modernización de los métodos para la conservación de las carnes. Si bien hasta mediados del siglo XIX el saladero representaba una importante fuente de recursos para el país, estaba lejos de constituir una solución integral para la colocación de nuestras carnes en el extranjero.

            En 1876 se realizaron los primeros ensayos para la importación de reses frescas, conservadas por el método del sabio francés Charler Tellier, que consistía en mantener las carnes en atmósfera fría y seca. En ese año, en el vapor “La Frigorifique” se embarcaron 17.539 kilos de carne vacuna y 3.500 de ovina, bajo la dirección personal del mismo Tellier. Se repitió en ensayo en “Le Paraguay” en el que se puso a prueba un nuevo procedimiento llamado “Carré-Jullien”, mediante el cual, en lugar de cero grado, se emplearon temperaturas que oscilaban entre los veinte y treinta grados bajo cero. La carne así conservada, tenía un sabor más agradable.

            El primer frigorífico que funcionó en el país fue el que fundó, en 1883 el francés Eugenio Terrassón, en San Nicolás de los Arroyos. Terrassón era propietario del saladero “San Luís” y sobre esa base instaló un nuevo establecimiento, que estaba provisto de una máquina enfriadora “Linde”, que podía congelar 30.000 kilos de carne por día, disponía, además de cuatro embarcaciones que cargaban 15 mil carneros diarios. Esta explotación se mantuvo hasta 1893 exportando, en ese lapso más de un millón y medio de carneros congelados.

            Sin embargo, acosado por los acreedores, tuvo que cerrar sus puertas. A pesar de que años más tarde fue arrendado por empresas extranjeras, el establecimiento se mantuvo clausurado y fuera de producción. Ya comenzaba a manifestarse la tendencia a la concentración y eliminación de competidores.

            La perfección de los frigoríficos facilitaron la colocación de nuestros productos en mercados europeos.

 BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

DE PAULI Aída, EL PRIMER FRIGORIFICO ARGENTINO,  Diario El Norte, San Nicolás de los Arroyos, Sección Temas, Domingo 18 de Octubre de 1998.Pág. 4

Escríbanos tu opinión  a ateneohyv@yahoo.com.ar

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Este material se enuentra publicado en http://www.histarmar.com.ar/InfHistorica/NaufragiosTuyu/RealidadesyMist.htm

en el sitio de Historia y Arqueologia Marítima y contiene información sobre los SALADEROS EN EL TUYU, Argentina.

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Zona de la costa vista desde el Faro de Punta Médanos

En instancias de la segunda fundación de Buenos Aires acaecida el 1 1 de junio de 1580, corresponde a Juan de Garay el descubrimien to de la campiña bonaerense en la región comprendida entre las actua les capital de la provincia y Mar del Plata, ya que en noviembre de 1581 emprendió una expedición con treinta hombres para explorar la zona. Tiempo más tarde, en una carta enviada al Rey desde la ciudad de Santa Fe el 20 de abril de 1582, expresaba haber recorrido la región y llegado a la costa del mar, alrededor de sesenta leguas del puerto de Buenos Aires, destacando en sus escritos que es muy galana la costa’.

 De acuerdo a las descripciones efectuadas se supone que llegó en su exploración a las caldas orientales de las Sierras de Tandil y a las proximidades de Punta Mogotes, porque menciona la existencia de lobos marinos y grandes peñascos:

   .. va corriendo una loma llana de campiña sobre la mar, por algunas partes pueden llegar carretas hasta el agua. Es tierra muy buena para sementeras, legua y media de la mar, se acaba un ramo de cordillera que baja tierra adentro, muestra grandes peñascos, en lo alto campiña y en la costa en algunas partes cubre pedazos de peñascos donde bate el agua y en aquellos peñascos hay gran cantidad de lobos marinos... Además destacó la existencia de caballos salvajes que supuso estarían allí desde “la época de Don Pedro’. No halló demasiados indios cerca de la costa, pero fue informado que tierra adentro los había y los que vio se ‘cubrían con mantas de animales que hay como liebres’, 

Garay pereció asesinado por los indios en las proximidades de la desembocadura del río Baradero entre el 20 y 22 de marzo de 1583 junto a doce soldados. Dos siglos después la región sudeste de la provincia de Buenos Aires, fue explorada por los jesuitas quienes efectuaron una tarea evan gelizadora destacándose los padres Falkner, Cardiel, Strobel y Lozano. El padre Tomás Falkner que como botánico y físico había sido comisionado por la Royal Society de Londres para estudiar las propiedades del agua y yerbas medicinales del Río de la Plata, se ordenó sacerdote en 1732 y se dedicó a colonizar y explorar esos parajes entre los años 1740-1768, en la zona donde tenían sus tolderías los caciques Ranuncó y Cangapol.

 El padre Falkner fue amigo de este último, llamado también cacique Brin, que entre 1738-1740 en tiempos del gobernador Salcedo atacó el pueblo de Magdalena. La región sudeste de la provincia era habitada por indios debido a la existencia de buenos pastos, abundante agua dulce, leña y posibilidades de caza y pesca. Por otra parte se dice que hasta 1767 hubo gran cantidad de enfrentamientos entre indios y españoles y fue el Coronel Catán quien los obligó a replegarse hacia el sur. Los jesuitas realizaron varias cartas geográficas y aún quedan escritos que testimonian sus exploraciones. Alrededor del año 1740, exactamente en la margen derecha del río Salado integraron una reducción llamada Villa Concepcion. 

 En sus relatos el padre Falkner contó la belleza del lugar y hablaba además de la peligrosidad de internarse en los bañados bonaerenses debido a la gran cantidad de tigres:

“…he alcanzado a dar la vuelta por estas lagunas, no sin gran peligro, no sólo de pantanos, sino de los tigres que abundan como no he visto en otra parte.”

“Esta península está llena de caballadas, que se supone hayan entrado allí de campos vecinos, quedando encerradas por no poder hallar la salida, razón por la cual es frecuentado aquel lugar por partidas de indios cazadores…”

“Estos indios hacen sus pequeñas casas movedizas (toldos) sobre las colinas y todos los días van a cazar, luego de aprovisionarse vuelven a sus tierras con lo que se deduce que no residían allí habitualmente… “

En una importante documentación cedida por el Dr. Hernán Cibils Cobo sobre testimonios y escrituras del campo San José de las Chilcas donde se hace referencia a mensuras en los partidos de Chascomús y Tuyú en el afío 1814, se mencionaba también la existencia de fieras

 “… en seguida pasamos al Tuyú, diez leguas distantes de Las Chilcas para el lote situado también en la costa del mar al dar vuelta al Cabo San Antonio. Por la escabrosidad del terreno fue necesario medir por la playa para lo cual, por el mismo rumbo se midieron mil setecientas varas de terreno inútil compuesto de puros médanos y por ella, bajo el rumbo norte, cuadré el terreno y se midieron, me parece, dos leguas y media y en el extremo se cuadró el terreno bajo el rumbo oeste recalando al centro con el mayor trabajo por impedirlo las quebradas, bañados y maciegas que cubrían hombres y caballos con lo que se terminó la operación. El terrenopuede continuar cinco leguas cuadradas, la mayor parte compuesta de bañados, maciegas, tigres y otras varias fieras… 

En su descripción de la Patagonia, el padre Falkner la llamó “el pais de los indios y otros pormenores” afirmando que esas tierras estaban habitadas por tehuelches, pulches y moluches, asegurando que al poniente del Tuyú estaba el país de los huilliches. En sus relatos describió también el Cabo San Antonio, diciendo que es la punta más austral del Río de la Plata, que no es puntiagudo sino redondo y que 

en su mayor parte consta de arcilla con algo de tierra vegetal y en invierno lo riegan varios arroyos de aguas salobres que en verano desaparecen…”

 Muchos historiadores coincidieron que los jesuitas eran nacidos para “lo heroico y lo dificil» sobre todo porque en la concreción de la empresa para la que fueron designados, debieron atravesar diversos y serios obstáculos, incursionar en territorios desconocidos alejados tantos kilometros de Buenos Aires, con la palabra y la cruz misional como únicas armas, atravesando campos, playas, bañados, al acecho de indios y fieras. Hacia el sur fundaron la reducción Nuestra Señora del Pilar llamada asi porque el padre José Cardiel entre sus pertenencias tenia una estampita de Nuestra Señora del Pilar que le había costado un peso. 

Los primeros en incorporarse fueron los caciques Manrique y Chuyantuyo con sus veinticuatro toldos. En esa reducción que se encontraba situada en la hoy llamada Laguna de lospadres, se sembró trigo por primera vez en el sur de nuestra provincia. En noviembre de 1747 el padre Cardiel fue reemplazado por el padre Strobel, párroco de la reducción Villa Concepción. Era conocedor de los indios y su idioma y atrajo la presencia de muchos caciques más, pero existía permanentemente la amenaza del cacique Cangapol, caudillo de los pampas, que comenzaba a considerar disminuido su poder y autoridad frente a las reducciones, en vista del sometimiento de muchas tribus a los jesuitas. Por esa razón, el gobernador Andonaegui teniendo en cuenta la distancia que los separaba de Buenos Aires en caso de necesitar auxilio, aconsejó su retiro a la reducción inicial, donde se trasladaron con algunos indios fieles. En el primer congreso de historia de los pueblos de la provincia de Buenos Aires, celebrado en La Plata el 28 de setiembre de 1950, esta reducción del Pilar fue declarada lugar histórico y a moción del delegado marplatense, Don Julio César Gascón, se levantó una réplica de la capilla misionera y tres ranchos, una cruz de tres metros de alto y el cercado de piedras extraídas de sierras vecinas. 

Muchos años después de las misiones jesulticas, alrededor del año 1810, los hermanos José y Tomás Gibson, navegantes ingleses, comercializaban en el Río de la Plata con permiso especial del gobierno y aún se dice que recorrieron la ría Ajó en las cercanías de la actual ciudad de General Lavalle sin ser sus fundadores. Los extranjeros quedaron maravillados con la belleza de estos lu gares y llegaron a poseer cinco estancias en la provincia de Buenos Aires, fundando una que sería de gran renombre:  Los Yngleses, la cual en 1 8 1 0 con la denominación de El Carmen constaba de diez leguas y media de campo y pertenecía a Don Esteban Márquez. Su campo era conocido como Rincón de Ajó y tiempo después fue comprado por los hermanos Gibson, cuyos títulos los designarían como dueños del ‘”Terreno al otro lado del Salado » Según consta en algunos libros que reseñan las primeras épocas de la zona, Gibson le habría comprado la estancia a un tal Hidalgo, pero se supone que fue un intermediario de Márquez. En la estancia que contaba con veintiocho mil hectáreas constituyeron un criadero de ovejas, tarea a la que se dedicaron desde 1825. En el año 1849 instalaron la primera prensa para enfardar lana, elemento que aún se conserva en la estancia y en 1883 llegaron a poseer cien mil ejemplares ovinos. El miércoles 23 de abril de 1890 en La Prensa, se publicó con el título de ‘Negocio de ovejas” la compra efectuada por el Sr. Juan Lean de San Gregorio de Otero, partido de Ayacucho, de una majada de ovejas de cría en favor de los hermanos Gibson, quienes habrían vendido en el año casi veinticinco mil cabezas de ganado de la cría Lincoln (la raza más adaptable a lazona) entre animales nuevos y viejos. 

Los Gibson se dedicaron a exportar lana a Liverpool desde el puerto ubicado sobre la margen derecha del Arroyo Ajó, lugar donde el gobernador Mariano Saavedra dispuso la fundación oficial del pueblo de General Lavalle el 1º de febrero de 1864, ya que desde el 25 de diciembre de 1839 hasta entonces, se conocía como partido de Ajó y había sido creado por decreto de Don Juan Manuel de Rosas, en tierras tomadas del partido de Monsalvo. Según un manuscrito de Don Nilo Muró Taylor donde detalló las primeras épocas de la zona, fue por el puerto de General Lavalle donde se efectuaron las primeras exportaciones de carnes argentinas

” merced a la visión de futuro que tuvieron verdaderos pioneros de la ganadería argentina, radicados en la zona, quienes para tal fin, establecieron en sus inmediaciones de ese puerto los primeros saladeros… ‘. 

En este punto no podemos dejar de mencionar a Don Pedro Luro y tal como expresa el Arq. Roberto 0. Coya en su libro “Pedro Luro, un pionero de la pampa”,  de los dieciocho saladeros de la provincia de Buenos Aires entre 1871-1875, cinco estaban establecido en el partido de Ajó e incluso en un plano de General Lavalle de 1870 aparece la Grasería de Arrospide. Pedro Luro construyó tres saladeros San Pedro, San Carlos y San León sobre la “vuelta del diablo’del riacho Ajó. El 3 de enero de 1873, el diario La Prensa publicó: 

“Ha comenzado sus faenas ya elgran saladero denominado San Pedro, propiedad del Sr. Pedro Luro, situado en el partido del Tuyú. Este establecimiento mata mil animales por día’. 

En el mismo diario, cuatro años y medio después, en las noticias de Ajó se informó la terrible inundación

 … los vecinos más viejos de aquel pueblo aseguran que no han visto otra igual. Ha perecido infinidad de hacienda de todas clases y el campo ha quedado casi desierto. El saladero del Sr. Luro se encontraba en medio del agua sufriendo algunos deterioros”

. En 1878 en pleno auge de esta industria, el movimiento del puerto de Ajó fue muy intenso. Al decir del Arq. Coya 

… Los buques o lanchas o lanchones, remontaban el riacho desde su desembocadura en la Ensenada de Samborombón, car gados con los productos de los barcos de mayor calado que esperaban fuera de la barra de Ajó -sal, carbón, maderas y materiales de construcción, productos de almacen -y descendían luego cargados de cueros, tasajo, astas, sebo y ceniza de huesos con destino a Brasil, Cuba y Europa.’ 

Estos saladeros concluyeron su actividad en 1904 y diez años más tarde los descendientes de Pedro Luro (fallecido en Cannes el 28 de febrero de 1890) pusieron en venta las instalaciones, pero nada se concretó. Es obvio que esta región atrapó a los extranjeros, Tomás Gibson (1816-1903) aficionado a la pintura, dejó varias acuarelas realizadas entre 1838-1839 como un valioso testimonio de la vida rural en la zona.

 Uno de sus cuatro hijos, Ernesto, colaborador de la revista londinense The Ibis y ornitólogo que cita Guillermo F. Hudson en “Birds of La Plata” hizo un relato de observaciones sobre los pájaros de la zona que según se comenta no fue editado. 

Don Manuel José Cobo Sáez casado con Doña Josefa Lavalle, adquirió campos en esa zona a partir de 1831, también propiedades del ya mencionado Esteban Márquez y de Martínez Carrnona. Entusiasrnado por estas tierras como los Gibson, el Sr. Cobo compro a través de los años, extensiones de terreno colindantes al inicial hasta el borde de la Laguna Salada Grande, fundando la famosa estancia San José de las Chilcas. De ella y en continuas sucesiones a través de los años se formaron los establecimientos rurales: Las Chilcas, El Siempreviva, Los Huaycos y El Centinela, todos lindando con el océano Atlántico, en el último de los cuales se hallan encallados los barcos Margaretha, Karnak, Anna, Vencedor y Triunfo y eventualmente quedaría comprendido en esta lista el yate Fortuna que zafó a los pocos días. 

Dentro de la franja que delimitaba la llamada Región del Tuyú, los dos balnearios actuales que a mi criterio cobran mayor relevancia en cuanto a su trayectoria histórica y a un significativo registro de naufragios, son San Clemente del Tuyú- y Mar de Ajó.  El primero de los mencionados fue fundado en tierras del Campo El Tuyú, propiedad, propiedad de la familia Leloir en 1936. Se dice que debe su nombre al padre José Cardiel de la Compañía de Jesús quien lo llamó Puerto San Clemente. Además

“… en la carta esférica del Río de la plata levantada por Malaspina en 1782 y ratificada por el Piloto de Altura y Práctico de dicho río, Don Benito Aritzpuru, aparece ya cerca del Cabo San Antonio, un riacho con la denominacion San Clemente), que por otra parte es la indicacion más meridional que aparece en dicho trabajo…… las adyacencias del pueblo de Ajó son tierras de barros blandos, de cangrejales y el nombre “Tuyú ” estaría perfectamente aplicado a esa región… por lo que respecta a la denominación del riacho San Clemente, se sabe que fue el padre José Cardiel, quien lo bautizó con ese nombre en su primer viaje… El Río Ajó fue descubierto en el año 1748 también por el padre José Cardiel… en su segunda carta geográfica el párroco explica.- Arroyo San Clemente de agua salobre, con fondo al parecer para buenas embarcaciones hasta bien arriba que tiene cincuenta pasos de ancho, pero el terreno en sus márgenes es mui * pantanoso… ‘

* Ortografla de la época. 

 El balneario de Mar de Ajó fue fundado el 23 de diciembre de 1935 y el 29 de febrero del siguiente año, el Superior Gobierno de la Provincia de Buenos Aires aprobó por decreto el fraccionamiento de las tierras del campo El Centinela, cuyo propietario Don Rafael Ernesto Cobo ya había subastado en un remate efectuado en la Bolsa de Comer- cio de Buenos Aires, por la firma Furst Zapiola y Compañia Limitada. Con respecto al origen de su nombre hay una serie de controversias coexistentes en la divulgación oral. Se atribuye a la ría Ajó que tiene sus nacientes próximas a la zona y tras recorrer nueve kilómetros desemboca en la Bahía de Samborombón; a la acepción del vocablo Mjá’que en guaraní significa barro, haciendo referencia al suelo de la región o al cacique tehuelche Ajó cuyas tierras en el año 1750 se extendían desde Manantiales hasta el Rincón de Ajó. 

Los misioneros lo caracterizaban como un cacique rico e inteligente que practicaba el riego en sus campos. En un mapa del padre Falkner publicado en 1774 aparecen sus toldos. En los extremos norte y sur del Cabo San Antonio están ubicados los faros San Antonio (Punta Rasa) y Punta Médanos. El primero de ellos, con situación geográfica latitud 36º 18´24″” sur, Longitud 56′ 46’25″ W fue puesto al servicio de la navegación el 1º de enero de 1892 en tierras donadas por la sucesión de Federico Leloir. Debe su nombre a la nave San Antonio de la expedición de Magallanes y según relato de Francisco de Albo, miembro de dicha expedición, lo descubrió la nave capitana en busca de la Santiago que había salido en reconocimiento. 

El faro de Punta Médanos fue puesto en funciones el 9 de julio de 1893 con posición geográfica latitud 36′ 53′ 00″ Sur, Longitud 56′ 4o’ 48» W, distante quinientos metros de la línea de altas marcas y a seis millas al norte de la Punta Médanos. Fue construido en terrenos expropiados al Sr. Rafael Cobo en 1891 por Ley Nº, 2769. Debe su nombre a la punta homónima que fue descubierta por la expedición de Magallanes el 7 de febrero de 1520 y la llamó Cabo de Santa Polonia. El nombre Médanos aparece por primera vez en la carta de Lángara de 1798 en la posición que ocupa en la actualidad la Punta Querandí, figurando así en ediciones de cartas españolas de 1810. Posteriormente en cartas de 1820 se transfiere el nombre Punta Médanos al extremo sur del Cabo San Antonio. Según testimonio de algunos habitantes de la zona, alrededor del año 1920, los buques descargaban en jurisdicción del faro San Antonio y la mercadería era transportada en carruajes al faro Punta Médanos. No faltó quien vivificara el pasado en la lejana visión de dos rudimentarios transportistas de la época, en la recordación nostálgico de Luis García y Román Puebla.

 El Sr. Lázaro Freidenberg, a quien se designa como “fundador de Santa Teresita”  fue entrevistado por un matutino de la capital y expresó:

estando en San Clemente, un antiguo poblador de la zona, Román Puebla, me habló con entusiasmo de unas playas vecinas, vírgenes…” 

 El trayecto Dolores-Lavalle-Faro San Antonio fue cubierto desde 1886 hasta 1935 por el famoso servicio de galeras de Dávila y otra de las empresas importantes que cubrían la zona bonaerense hacia el sur fue ‘Mensajerías Arjentinas” * que partia tres veces por mes hacia Dolores, Tuyú y Ajó entre otros pueblos y por lo general el precio era de cinco pesos por legua y por persona. 

* Ortografía de la época. 

Costas del Tuyú. Anchas y desiertas playas…

 En las playas que nos ocupan muchos son los restos de naufragios que yacen en la costa. Y esos siniestros pudieron producirse por la falta de señalización y faros en una costa inexplorado de intenso tránsito marítimo hacia el Estrecho de Magallanes (hasta el año 1914 que se inauguró el Canal de Panamá), profundidades declaradas en las cartas de navegación no coincidentes con las reales, algunos capitanes que se acercaron a la costa más de lo previsto por exceso de confianza, desconocimiento, imprudencia u otras razones y tantas posibilidades que podría argumentar la lógica, la leyenda o la tradición oral.

 A través de los años la fluida imaginación del hombre impulsada por los secretos del mar, se fue desligando de las causas reales responsables de esos siniestros y se refugió en la elección de distintas fantasías de misteriosos fenómenos. Ouizás nos parezca extraña una noticia publicada por La Prensa en 1870 donde una persona llegada de Patagones en un buque a vela, aseguraba que muy al noroeste del Cabo Corrientes “había oído en el mar los mismos sonidos armónicos y al parecer musicales que un capitán oyó en los mares de China. Esto sucedía al anochecer”. 

Mucho se ha publicado en la zona que nos ocupa sobre la legendaria visión de una nave pirata cuyo relato, hemos repetido hasta el cansancio, contamina la real identidad de la zona y la identifica con la nave Margaretha (que tiene su historia claramente documentada), confusión que está incrementada por el texto de un mural que hay en Mar de Ajó sin apoyatura testimonial y que nada tiene que ver con la verdad. 

Quien cree que inventando historietas de piratas, naves fantasmas y cofres repletos de oro y plata aumenta el interés de los turistas, sólo los subestima en su capacidad de valoración histórica y les impide acceder a los hechos en muchos de los casos, vinculados a nuestra historia. Simplemente hay que darle a cada uno la posibilidad de elegir entre la leyenda y lo que realmente sucedió en estas costas y no vender más fantasías. 

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Esta investigación se encuentra publicada en internet en http://www.histarmar.com.ar/BuquesMercantesArgAnt/NavVapor-Urquiza.htm.

En el sitio de Historia y Arqueología Marítima.  Este sitio es publiciado por Carlos Mey (Martínez, Argentina) Mail: histarmar@fibertel.com.ar

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Llegando a este punto, es interesante destacar las pautas empresariales de don Justo José de Urquiza.(1) Su empresa principal fue el saladero Santa Cándida, en Concepción del Uruguay, ciudad que tenía un movimiento portuario muy intenso en las décadas de 1850 a 1870 debido al comercio del saladero. El mismo tenía puerto propio aunque de poco calado. Los barcos que llegaban eran de aproximadamente 300 toneladas. Cuando el río estaba en bajante cargaban en el puerto El Tala. En realidad el calado era de 14 pies, por lo que en gran cantidad de ocasiones se debía trasbordar en Buenos Aires o en Montevideo.

El saladero Santa Cándida se había iniciado en 1847. En ese entonces Urquiza ya era un acaudalado comerciante y desempeñaba el cargo de gobernador de Entre Ríos. Ya poseía grandes estancias y numeroso ganado. Por ende, necesitaba un saladero (equivalente al frigorífico de épocas posteriores) para cerrar el ciclo de su producción. Obviamente que desde este punto de vista tenía que ser partidario de la libre navegación de los ríos y de la libertad del comercio exterior. Como dato ilustrativo diremos que el precio de un novillo en 1849 era de tres pesos fuertes y el de una vaca dos pesos fuertes. Hacia 1850 exporta a los Estados Unidos una partida de 2.600 cueros, único producto autorizado a exportar. Para fines de ese año el valor del saladero no era inferior a 40.000 pesos fuertes.

El saladero poseía interesantes instalaciones tales como: a) seis galpones de 37 x 15 varas (2) cada uno; b) los dos galpones principales poseían vapor, hornallas, tachos y cubos de refinar; c) otro galpón poseía saladero y playa con piletas para salaría; d) depósito de sal; e) pileta grande para depósito de grasa; f) taller instalado para labores de carpintería; g) dos corrales, uno para vacunos (65 varas de diámetro) y otro para yeguas (30 varas ídem); h) instalaciones para curtidería de 86 x 10 varas con 16 piletas para cal y cascara; i) para la matanza de animales se utilizaban tres martillos y otros enseres de mano, y j) había dependencias auxiliares tales como ranchos para vivienda del personal, cocina, panadería, etc. (3)

En agosto de 1852 Urquiza arrienda el establecimiento a un fuerte comerciante oriental, don Samuel Lafone, el cual lo explotará durante casi cinco años. En la época la industria saladeril comienza a sufrir la competencia del comercio de lanas. Pero de todas maneras, los volúmenes de producción son muy importantes. Baste decir que en el período 1853/55 se vendieron 35.000 quintales (4) de tasajo por un valor de 165.000 pesos fuertes. Ello significa una matanza de 25.000 animales.

A fines de 1856 Urquiza retoma la dirección del saladero. Cuenta ahora con la ayuda de G. Yule, quien le propone reformas técnicas que mejoran el rendimiento y también la construcción de un ferrocarril que transporte los tachos desde las instalaciones del saladero al puerto de embarque. El ferrocarril se inaugura dos años más tarde. Otra propuesta consiste en el funcionamiento de la maquinaria por medio del vapor (Yule había instalado con éxito la extracción de agua por bombeo en Concepción del Uruguay). En 1860 Juan Cruz Ocampo (a la sazón “apoderado” de Urquiza compra en Buenos Aires un equipo de 2 HP y 100 revoluciones por minuto, con lo cual se abastece totalmente de agua propia al saladero.

El ferrocarril del saladero se extendía desde los galpones hasta varias varas dentro del río con un doble objetivo: a) poder cargar desde la embarcación, y b) en los días de bajante del río, llegar al eje del canal. La obra (realizada por el arquitecto Fosati y la colaboración de Cruz Ocampo) tenía una extensión de unos 154 metros. Se complementaba con un muelle de veinte metros y un camino de 150 metros para llegar a él. Este era necesario por lo bajo de la zona y fue construido con maderas duras de la Mesopotamia (urunday, lapacho). El muelle poseía doble vía para facilitar la circulación de los vagones. Posteriormente se agregaron al saladero la fábrica de jabón y velas.

 El capital del saladero, según balance de 1860, llegaba a la suma de 203.000 pesos fuertes, cantidad muy importante para la época. Asimismo, y como dato curioso, acotamos que para esta época aparece por primera vez en una operación comercial de cueros el nombre de don Antonio Delfino, que posteriormente estará muy ligado a la navegación del Río de la Plata. Finalmente, señalamos que el saladero no solo exportaba cueros y lanas, sino que por sus propias actividades, era un gran importador de sal.

Intereses Comerciales, Bancarios y Navieros del General Urquiza

En 1859 y en la ciudad de Salto (Uruguay) se forma la “Cía. Salteña de Navegación a Vapor”. En 1861 Urquiza adquiere todas las acciones de dicha compañía en “sociedad” con don Mariano Cabral, que actúa supuestamente como su representante. A partir de ese momento se cambia de agente marítimo, como podemos establecer leyendo los avisos de la época. Este será don Henrique Dowse (domiciliado en la calle de Cuyo N° 1).

Llegaron a poseer varios barcos, a saber: el Menay, el Pampero, el Salto, el Corea y el Montevideo. Además, poseían una empresa de remolcadores, en sociedad con don J. S. Ferreira. La misma cubría el río Paraná desde la ciudad del mismo nombre y el río Uruguay desde la ciudad de Concordia hasta Buenos Aires.

    

Pudiendo ser objeto de alguna confusión, conviene hacer algunas aclaraciones tanto sobre los vapores Villa del Salto y Salto como respecto de la propia Compañía Salteña de Navegación: Los vapores Villa del Salto y Montevideo son adquiridos en Inglaterra. Ver al respecto el correspondiente aviso comercial. Pero estos buques, cuando se inician las hostilidades de la Confederación con la provincia de Buenos Aires, son vendidos a la Confederación.

Más tarde, es armado un nuevo vapor Salto (capitán Fidanza). En ese sentido debe verse el respectivo aviso del diario El Nacional, en el cual aparece fletado por la Agencia Bernal & Cárrega.

En cuanto a la compañía en sí, debe tenerse en cuenta que hacia 1865, luego de la batalla de Pavón, se forma una nueva compañía en la cual apareCe como presidente don José María Guerra y como vicepresidente don Saturnino Ribas.(5)

En 1868, Urquiza ingreso como accionista a la Cía. de Navegación del Alto Uruguay, cuya cabeza visible era el ciudadano brasileño don Joáo Carlos Pereyra Pintos. No se concretó por falta de aprobación del gobierno brasileño.

Era don Justo José de Urquiza sin lugar a dudas un astuto comerciante. Sus ventas eran a diversos mercados, para no depender de uno solo. Así fue que exportó carne salada a Puerto Rico, Méjico, Cuba y Estados Unidos. También comerciaba con madera del Paraguay. La traía en su propia goleta (la Nueva Dolores), que hacía la carrera Asunción-Concepción del Uruguay con escalas intermedias. (6)

Creemos que resultaría posible hacer un listado de más de veinte (20) buques de los que Urquiza fue propietario o tuvo participación.

Sin ser exhaustivos, podemos mencionar los siguientes nombres: Suerte Africana, Elruria, Pamelita, Vélez, Aurora, Vencedor, S. José, Correo, Corça, Oriental, Concordia, Pampero, Salto del Guayrá, Villa del Salto, General Urquiza. También, probablemente era socio de la Cía. de Seguros Sudamericana, para ser el propio asegurador de sus barcos y cargas.

También es un comerciante progresista. Son varias las ideas audaces en las que se embarca. Podemos mencionar: a) su idea era navegar o hacer navegables todos los ríos interiores de la República. Por ello, como gobernante, apoyó al coronel Diego Wilde en su intento de explorar el río Bermejo con su buque Mataco. La idea era canalizarlo para comunicarse con Salta. El intento fructificó luego cuando el capitán Page (con vapores especiales de poco calado) logró tal objetivo: b) también comulgó con la idea de hacer navegables los ríos Salado y Dulce. Dio autorización a la empresa inglesa “Smith & Co.” y luego a una empresa brasileña a esos efectos. Pero la realidad era que existían obstáculos naturales insalvables, siendo necesario para la navegación el dragado y la remoción de toscas: c) aun perdida la guerra contra Buenos Aires, continúa con sus negocios. A través de su suegro don J. Santa Cruz se pone en contacto con el comandante Cuto Bemberg, quien le soluciona el problema de encontrar vapores para sus saladeros y lo conecta comercialmente con La Société Genérale de Commerce Belge (Amberes), que por más de diez años proveerá a sus propiedades de los productos que necesitaba; d) fue también accionista del Ferrocarril Rosario a Córdoba, donde se conoce que compró mil acciones, y e) entre sus más conocidos socios personales estuvieron T. Armstrong, G. Lumb, Mariano Cabrera, A. Lezica, A. Fragueiro, etc.

En general, debemos destacar que las décadas del 60 y 70, donde le tocó actuar a Urquiza, fueron tiempos de nuevas ideas, particularmente en lo relacionado con la industria de la carne y del saladero, donde como hemos visto tenía intereses. Ya había ideas y puesta en práctica de incipientes procesos de industrialización, como el extracto de carne.(7)

Urquiza y sus finanzas

Todas las empresas que fueron reseñadas eran de gran magnitud y por ende necesitadas de financiación. En no pocas oportunidades, por la magnitud de las inversiones que realizaba, Urquiza estuvo necesitado de dinero. De allí su constante relación con bancos y su participación en capitales destinados a ese negocio.  En general, en la época en que hablamos, la situación económica en la propia Londres no era buena. Había gran cantidad de quiebras y eran innumerables las letras (8) protestadas provenientes de Brasil. Esto último producto de la baja de un 40% del precio del café y del azúcar brasileños,

El más fiel y fuerte apoyo financiero de Urquiza fue el Banco de Londres, Buenos Aires y Río de la Plata. También el más importante en cuanto a solvencia. Nunca dejó de abonar sus cheques o cambiar el papel moneda, ni siquiera en caso de crisis o recesión financiera de Buenos Aires. Su capital declarado llegó a ser de un millón y medio de libras esterlinas (unos 7.500.000 pesos fuertes). Damos a continuación algunos datos del mismo:

Este banco fue fundado en 1862. Ya en 1863 firman un acuerdo entre el gerente del banco (Mr. John H. Green) y el representante de Urquiza (don J. Fernau) por medio del cual se estipula que la venta de diversos productos del saladero Santa Cándida serán vendidos por medio del banco y de sus agentes en Amberes. También se establece que los productos vacunos serían comercializados en Londres.  Urquiza tuvo cercano contacto con los bancos: a) Comercio de Gualeguay (aparece en 1869, en que se hace cargo del pasivo del Banco Argentino, y desaparece en 1875), y b) Banco Río de la Plata (sus billetes solo son conocidos por los numismáticos). Con estos dos bancos Urquiza realizó operaciones muy importantes. Es muy posible que fuera su principal cliente y quizá accionista de los mismos.

Párrafo aparte merecen sus relaciones con el Banco de Mauá. Este se establece en Rosario en 1858y era propiedad del Barón de Mauá. Estuvo autorizado a operar en la emisión de billetes y a operar en depósitos y descuentos. Su capital era de dos millones cuatrocientos mil pesos fuertes, pero del mismo solo se suscribieron 800.000 pesos. Operaba con letras sobre Río de Janeiro, Montevideo, Inglaterra y Francia. Apenas dos meses después de instalado pasó a operar su capital en Buenos Aires (donde el dinero se prestaba a una tasa superior), desvirtuando las intenciones de Urquiza en el sentido de que ese banco estuviese al servicio y desarrollo de la Confederación.

Urquiza tuvo también relaciones financieras muy importantes con el Banco Comercial de Rosario. Contaba con su apoyo como mandatario provincial y se le permitió abrir sucursales tanto en Santa Fe como en Paraná (1867). En 1868 el gobierno de Entre Ríos procedió a cerrar sus puertas en toda la provincia”… para verificar notas”. No aparece muy claro su “encaje” con la moneda emitida. No poseía cobertura.

Importante intervención tuvo en el Banco Argentino de Rosario, fundado en 1866. Fue su accionista y compró 1.000 acciones por valor de cien mil pesos fuertes. Fue su representante en el banco don Mariano Cabral, hombre de su entera confianza. Actuaron como gestores los Sres. José M” Cullen y Pedro Zubelzú (éste último conocido por nosotros por su Mensajería). Ya para 1868 poseía varias sucursales y con el objeto de transformarse en una banca realmente importante se trasladó a Buenos Aires. Formaba parte de su directorio don Bernardo de Irigoyen y fue su gerente don A. Marcó del Pont. El gerente en Rosario era don José Ma Gutiérrez El capital realizado era de 1.135.000 pesos fuertes y tuvo sucursales en Paraná, Gualeguaychú, Diamante, No-goyá, Villa Urquiza, Victoria, etc.

El Banco Entrerriano fue autorizado a funcionar en 1863 y abrió sus puertas en marzo de 1864. Urquiza fue su principal accionista. En 1869 compró todas las acciones que pudo, con el objeto de ser presidente del directorio. Tuvo varias sucursales: Victoria, Concepción del Uruguay, etc. Fue el embrión del posterior Banco de Entre Ríos. Cerró sus puertas en 1876.

El Banco Paraná inició sus actividades en 1863. Podía emitir billetes y los mismos eran aceptados por el gobierno provincial para el pago de impuestos. Urquiza fue deudor del mismo, al menos por falta de pago de parte de la suscripción de acciones que había hecho. Fue víctima de la crisis que afectó la credibilidad de todos los billetes de bancos de Santa Fe y Entre Ríos, pero logró capear el temporal.  Banco Benítez y Cía. Fue fundado en 1868. Actuó en Gualeguaychú. Con motivo de dificultades con los fondos en metálico (cobertura) el gobierno suspendió la conversión de sus billetes. Tuvo entonces una vida efímera.

Los Barcos y el Saladero

A partir de 1856. el saladero de Urquiza fue visitado por más de trescientos navios. Los más importantes cargaban y descargaban, por razones de calado, en Gualeguaychú. Sin pretender ser exhaustivos, nos parecen los más importantes los siguientes:

AÑO TIPO NOMBRE BANDERA
1856 Goleta Arieta Oriental
1857 Bergantín Temisconata Ingles
1857 Goleta Feliz Aurora Argentina
1857 Bergantin Anibal Brasileño
  Bergantin Catherine Inglesa
  Bergantin Pelayo Español
  Pailebot Correo Argentino
  Vapor Corça Argentino
  Zumaca San José Argentina
  Goleta Hannah Codner Ingles
  Vapor Palmira Argentina
  Bergantin Sparenbaken Noruega
  Bergantin G. Marasso Italano
1858 Barca Anna Sardo
  Polagra San Antonio Español
  Bergantin Belisario Argentino
  Bergantin John Backer Ingles
  Bergantin Delfino Italiano
  Bergantin Osear Sueco
  Bergantin G.Ferréro Sardo
  Goleta Falck Aleman
  Barca Mary Kay Belga
  Goleta Santa Cándida Argentino
  Vapor Marques de Olinda Brasileño
1861 Bergantin Lina Italiano
1862 Goleta Italia Unita Italiano
1863 Bergantin Bedmar Portugues
1864 Bergantin Augusto Aleman
1867 Lugre Catherina Sueco
  Bergantin Yohann Aleman
1868 Bergantin Concurrent Holandes
  Vapor Newton Ingles
  ? Seenyphe Aleman
  Bergantin Hertha Aleman

1. El general don Justo José de Drquiza fue una de las personalidades argentinas más relevantes de la segunda mitad del siglo XIX. Siendo gobernador de Entre Ríos se pronunció contra Rosas en 1851. Al año siguiente lo derrotó en la batalla de Caseros. Designado Director Provisorio el 4 de febrero de 1852. fue luego el primer presidente de la Nación elegido al ser sancionada la Constitución de 1853 (1854-1860). Fue vicepresidente de su gobierno don Salvador María del Carril. Había nacido en 1800 y falleció en 1870 asesinado en su Palacio de San José.
2. Medida antigua de longitud. La vara de Castilla medía 835.9 mm: la de Aragón 772 mm; la de Alicante 912 mm. La medida usual es de 866 mm.
3 Ver Manuel Macchi Urquiza, el Saladerista, Ediciones Macchi, Buenos Aires 1971, págs 11 y sigs.
4. Medida de peso equivalente a 100 libras o sea cuatro arrobas. Equivale a unos 46 kilogramos.
5. Ver mi trabajo sobre Mensajerías Fluviales del Río de la Plata en Cuadernos Filatélicos N° 3, Federación Argentina de Entidades Filatélicas, Buenos Aires.
6. En este sentido ver González Climent en Historia de la Marina Mercante, págs. 181 y sigs.
7. En tal sentido puede leerse el aviso publicado en el diario El Nacional de fecha 21.03.1868. en que se anoticia al público, por parte de “Liebig” de Fray Bentos. sobre el comienzo de la fabricación de su extractum carnis.
8. Para dar una explicación asequible al lector, la letra de cambio es un instrumento de crédito propio del derecho comercial, comúnmente utilizado aún hoy en el comercio internacional, que se caracteriza por tener un librador (deudor), un aceptante (un banco que paga por el deudor o en su caso alguien que tiene dinero del deudor) y un beneficiario (acreedor). Del mismo derivan nuestro conocido “pagaré” (costumbre comercia] propia de nuestro país, pero inexistente en otros) y el “cheque” (que es una especie de letra de cambio a la vista donde el aceptante puede ser únicamente un banco donde el librador tiene cuenta corriente con fondos o autorización para girar en descubierto).
9. Capitán José Cantoni.
10. Capitán Lázaro Quartino.
11. Capitán Wielnus.
12. Capitán Skelly.
13. Capitán Held.

El Salto y sus Saladeros – Don Pascual Harriague
Eduardo S. Taborda

 
 
 

Desde antes de nuestra independencia nacional, la industria ganadera y saladeril han sido las fuentes inagotables de la riqueza de la región norteña de lo que hoy constituye nuestro país.

Empezó ésta, puede decirse, allá por el año 1823, cuando el señor Leandro Velacie funda nuestro primer Saladero en el paraje conocido por Corralitos, próximo a la desembocadura del Río Daymán.

Establecimiento éste montado con todos los adelantos requeridos por su importancia y las necesidades de la época; en el se llegó a sacrificar muchos miles de reses vacunas.

Pocos años después, en lo más recio de la lucha por nuestra independencia, en las inmediaciones de Salto Chico, es establecido por un tal Farías otro Saladero tan importante como el de Corralitos, el cual desarrolló durante varios años una intensa actividad. A estos dos establecimientos de la industria pecuaria, se sumaron dos más; -uno en el Camino a Paysandú muy próximo al Paso de las Piedras de Daymán y el otro en el Cerro paraje conocido por nosotros por las Aromas, esta último establecimiento era propiedad del señor Federico Texo, hombre este de grandes empresas, que desarrolló entre nosotros distintas actividades comerciales que han afianzado su nombre hasta nuestros días.

En épocas más cercanas a nosotros, según datos de escasa seguridad, por el año 1840, más o menos, el Sr. Juan Olaveríe, funda en el paraje hoy conocido por el Saladero Quemado, próximo al puente del Ceibal otro establecimiento Saladeril, que como los otros anteriores desarrolló grandes actividades y que, también como los otros, desapareció consumido por un voraz incendio.

En el año 1860 Don Pascual Harriague funda el Saladero de la Caballada, establecimiento éste que, desde aquel entonces hasta nuestros días, lo circunda una aureola de alto prestigio, debido a los interesantes y fecundos matices que le supo dar aquel hombre extraordinario que fue Don Pascual Harriague.

El Saladero “La Conserva” fue fundado el año 1875 por el señor León Domec quien más tarde hace sociedad con el señor Emilio Sulez quienes imprimen a este establecimiento un fuerte ritmo de actividad comercial.

Estos dos Saladeros en su desenvolvimiento ascendente llegaron a faenar anualmente hasta 80.000 cabezas de ganado dando ocupación a más de mil trabajadores.

Esta es en síntesis brevísima la historia del desarrollo de la industria saladeril en nuestro pueblo que tan hondos cimientos supo cavar para afianzar nuestro progreso material.

Ahora hagamos capítulo aparte y digamos algo sobre aquel hombre extraordinario y excepcional que fue Don Pascual Harriague a quien tanto debe nuestro pueblo la solidez de su grandeza.

El señor Harriague nació en Hasparren -Bajos Pirineos- en 1819 y llegó a nuestro país en 1838, apenas cuenta 19 años.

Trabaja algún tiempo en un Saladero del Cerro de Montevideo y luego se traslada a la ciudad de San José donde se emplea como dependiente de una pulpería.

Vino a Salto en el año 1840 llamado por Don Juan Claveríe, propietario como se ha dicho del Saladero Quemado del Ceibal, -dato éste que nos demuestra de que éste es muy anterior al de “La Caballada”.

Al establecerse en esta ciudad, -anexa al citado Saladero- la primera Curtiembre, establecimiento éste, que unos años más tarde, es transformado en una Grasería y Fábrica de Jabón y Velas, hasta el año 1860 en que funda “La Caballada”.

En este mismo año el Sr. Harriague, en una chacra que poseía en San Antonio Chico, hace ensayos de cultivos de uva criolla, que no logran éxitos.

Abandona estos tanteos hasta el año 1874 en que prueba plantar cepas francesas, que un cultivador había aclimatado en Concordia R. A., buscando la producción del vino de Burdeos.

Esta nueva experiencia fue de resultados favorables y pronto éste hace un plantío de 35 hectáreas de viña en terrenos de su saladero.

A los dos años se recogieron sus primeros frutos y con ellos se inicia en nuestro país la industria vitivinícola por primera vez.

Desde el año 80 al 83 la Granja Harríague en un franco progreso almacenaba en sus tres bodegas más de 300 bordalesas, las que aumentaron en el año 1887 a más de 1.000.

Se elaboró en ella los más variados tipos de vinos: tintos, claretes, blancos, secos, Bursac dulce y Coñac de una alta destilación y estacionamiento, que en alas de la fama traspusieron las fronteras patrias y abrieron mercados de Francia en las ciudades de París, Marsella. Y Bayona.

El señor Pascual Harriague es premiado por sus realizaciones y afanes con una medalla especial en la que se alude a “su personal constancia y patriotismo en la resolución del cultivo vitivinícola en la República”.

El ejemplo de Harriague cundió en una noble emulación y en un corto lapso de tiempo Salto contaba con más de 90 granjas entre grandes y pequeñas y las cepas de Harriague marcharon al Sur del país a formar los viñedos de Montevideo, Canelones, etc.

La filoxera y la langosta arrasó con todo este noble y estupendo esfuerzo, llevando a la ruina a muchos trabajadores que habían ayudado a forjar un sueño de amor y de grandeza para nuestro pueblo.

La personalidad del Señor Harriague estaba formada con tal diversidad de brillantes facetas que para enunciarlas y describirlas no es posible hacerlo en estos pocos minutos de charla radial; necesitan las páginas de un libro amplio y sincero en las cuales se vuelquen con amor minucioso todas las inquietudes de este gigante laborioso.

A él, a Don Pascual, también le debe el Salto otras nobles manifestaciones industriales, -fue a su impulso y a la visión de sus ojos escrutadores del porvenir, de que en tierras de sus viñedos se plantara, por primera vez, también entre nosotros, el olivo y ,la morera, en, gran escala ésta, para el cultivo del gusano de seda, que también a él se le debe su introducción y cría entre nosotros.

La exquisita frutilla salteña tan codiciada en los mercados de ambas márgenes del Plata, a Harriague también debe su fama, él fue quien hizo sus primeros cultivos, trayendo para este efecto semillas y un cultivador experto de Francia, a Monsiur Playé, el que enseñé en nuestro medio la forma eficaz de su cultivo.

El señor Harriague murió en la ciudad de Bayona, capital del Departamento de los Bajos Pirineos, el día 14 de Abril de 1894 a la avanzada edad de 75 años.

Las manos filiales de sus hijas Pascalina, Octavia y Teresa, trajeron hasta nosotros sus cenizas; ellas descansan en el Panteón familiar; la tierra de Salto, la que él tanto amó, lo guarda en su seno blando y cariñoso.

Cuando éstas llegaron hasta nosotros, llegaron en silencio; no hubieron, honores oficiales, el pueblo ignoró tal acontecimiento y así, en silencio, fueron depositadas en nuestra necrópolis.

Sus hijas residían en Buenos Aires y habían venido a cumplir la piadosa misión de la última voluntad paterna por vía argentina, al terminar ésta, retornan otra vez por vía argentina; para embarcarse en el vapor que las espera en la vecina ciudad de Concordia, toman en nuestro Puerto una lancha que las conduzca a él.

Es una mañana clara, llena de sol, una mañana salteña.

La lancha marcha rápida, aguas abajo; a las viajeras acompañan algunos familiares y personas de sus amistades, todos se asoman a las ventanillas a contemplar la belleza abrupta y agreste de nuestra costa. Ya está casi a su término el viaje, se está frente al Saladero, los viajeros lo miran resucitando hondos recuerdos; a todos se les antoja viva la figura de Don Pascual…

Tres pitadas sonoras vuelan al espacio desde la sala de máquinas del Saladero y una honda emoción embarga al pasaje, es el saludo, el último adiós que el padre da a sus hijas desde lo más alto de su grande obra.

Eduardo S. Taborda
Salto de Ayer y de Hoy
Selección de charlas radiales – Salto 1947

 

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Esto se encuentra publicado en internet en 

http://letras-uruguay.espaciolatino.com/taborda/salto_y_sus_saladeros.htm

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SALADEROS DE LA FRONTERA

RAÚL JACOB


INTRODUCCIÓN

Esta comunicación aspira a plantear el tema de la exportación de capitales uruguayos, proveniente de
empresarios nacionales o de extranjeros residentes en el país.
No es ninguna originalidad afirmar que en ocasiones los empresarios radicados en Uruguay habían
buscado canalizar sus inversiones y energías en el mercado regional.
A mediados de la década del treinta, hace ya setenta años, Julio Martínez Lamas se refirió a la expansión
en el sur de Brasil de algunos saladeristas uruguayos (Martínez Lamas, s.f.: 80-82).
Y unos treinta años después, Guillermo Vázquez Franco, estudiando esos saladeros de la frontera, se
animó a tentar una suerte de interpretación que aportaba algunos elementos útiles para su definición, en lo
que se constituyó en uno de los primeros aportes a la aún hoy inexistente teoría de la empresa uruguaya
(Vázquez Franco, 1967: 39-40).

Poco después José Pedro Barrán y Benjamín Nahum (1973: 325 y sig.; 1977: 147 y sig.) retomaron el
punto al analizar los intentos para superar la crisis de la industria saladeril. También Aníbal Barrios Pintos
se ocupó de ellos en su historia de los departamentos de Rivera (1985 – 1990) y Artigas (1989).
Lo que sí puede ser novedoso, en cambio, es intentar aprehender la diversidad de este proceso de
inversión externa directa que continúa hasta nuestros días, y que en el pasado, al igual que en el presente,
abarcó diversos sectores de actividad.
Mientras en el siglo XIX y comienzos del XX el país recibía inversiones del exterior, fundamentalmente
de Gran Bretaña, empresarios radicados en Uruguay venían haciendo lo mismo en la región,
diversificando los riesgos y las eventuales ganancias.

1

La inversión uruguaya en la industria saladeril brasileña la he tratado con mayor amplitud en Cruzando la frontera
(Montevideo, Ed. Arpoador, 2004), de donde proviene gran parte de la información de esta ponencia.

* Raúl Jacob PHES- Facultad de Ciencias Sociales- UDELAR (Montevideo, Uruguay)Dirección electrónica: e-mail:rjacob@chasque.apc.org

.

2

En 1967 Guillermo Vázquez Franco advertía sobre este fenómeno y concluía que “no se trata de exportación de capitales
sino de simples empresas que, por su primitivismo y debilidad, se nacionalizan, de hecho al establecerse. No es pues, un
capitalismo en expansión como sucede con el norteamericano; el saladero uruguayo en el Brasil no desempeñó el papel
colonizador que cumplió el ferrocarril o el frigorífico en el Uruguay, porque no “orientalizó” la industria riograndense, al
contrario, los saladeros uruguayos se fueron “abrasilerando”.

3
El capital trotamundos uruguayo, en su variante empresarial, optó por caminar en el vecindario. En buena
medida estaba radicado en emprendimientos en las provincias argentinas más cercanas a Uruguay, en
Paraguay, Mato Grosso y Rio Grande do Sul.
Era el área de influencia de las antiguas Misiones Jesuíticas. Un ámbito geográfico en el que se había
logrado estructurar un modelo económico llamado a tener gran incidencia en el mundo colonial, y que se
reflejaría también aquí. En él los soldados de la Compañía de Jesús habían catequizado a los indios, y
también los habían introducido en el mundo de las artes, de las letras, de los oficios manuales y del
trabajo de la tierra. Hacia 1722 Buenos Aires y los jesuítas acordaron que los ganados del norte del Río
Negro pasaran a pertenecer a las Misiones. El Rey ratificó este reparto (Campal, 1967: 44). A partir de la
fundación de Montevideo (1724-1726) la Banda Oriental fue dividida en tres circunscripciones
administrativas, que dependieron respectivamente de Buenos Aires, de Montevideo y de las Misiones.
Después de la destrucción de las Misiones un importante contingente de hombres y ganados poblaría la
Banda Oriental, a la que habían quedado incorporadas por el artiguismo y de la que serían segregadas al
reconocerse la independencia de Uruguay. Una de las divisiones administrativas de la nueva República
que comprendía todo el norte del río Negro, el departamento de Paysandú, había estado casi en su
totalidad bajo la jurisdicción de las Misiones con asiento en Yapeyú. Sucesivas particiones en 1837 (Salto
y Tacuarembó), 1880 (Río Negro), y 1884 (Artigas y Rivera) determinaron la creación de cinco nuevos
departamentos norteños, todos a expensas de aquel primigenio que en la mayor parte de su amplia
superficie había albergado en la época de los Jesuítas a la estancia de Yapeyú (Barrios Pintos, 1979: 15).
En el siglo XIX el espacio misionero tuvo un buen sistema de comunicación fluvial. Se estimaba que
hacia 1887 ochocientos setenta y cinco buques hacían el cabotaje por los ríos paraguayos. Treinta y tres
de esas embarcaciones eran uruguayas (Pastore, 1972: 252). Cincuenta años después la flota uruguaya
había desaparecido (Martínez Lamas, s.f.: 81).

La expansión de los saladeristas uruguayos en el exterior se hizo en Mato Grosso y en un territorio que en
el pasado había estado vertebrado por las Misiones, y que había quedado como una reserva de ganado
criollo o apenas mejorado. Las razas británicas llegaron desde el sur, por mar o por el río, y habían
remontado el Uruguay en búsqueda de las mejores pasturas, las que iban ocupando en función de la
distancia y de las comunicaciones. Era una mancha que se extendía sin prisa y sin pausa.
Los impuestos a la importación del tasajo, la discriminación en los fletes, las barreras arancelarias y no
arancelarias del gobierno brasileño, han sido las causas esgrimidas para explicar la existencia de saladeros

3

Los vapores uruguayos que subían hasta el Paraguay y el Estado de Matto Grosso intercambiando los productos naturales
de esos territorios por mercancías de ultramar revendidas por el comercio de Montevideo, han sido vendidos en el exterior,
amarrados o desarmados”.

4
uruguayos en territorio de Brasil y, en parte, también para justificar su decadencia hacia fines de la década
de 1920.
Distinto es el caso de otros emprendimientos industriales y comerciales que dependían del mercado
interno. En 1918, al finalizar la primera guerra mundial, Uruguay había perdido la batalla demográfica.
Había pasado de medio millón de habitantes en la década de 1870 a poco más de un millón en 1908.
Por diversas causas sus vecinos habían logrado atraer millones de habitantes. El esfuerzo por crear un
capitalismo moderno acompañado de justicia social, en el que se empeñó entre 1903 y 1915 el sector
político liderado por el dos veces presidente José Batlle y Ordóñez, no logró concretarse del todo. Pero de
haberlo hecho no hubiese podido tapar el cielo con un pañuelo. Quienes prometían un gran mercado de
consumo y se proyectaban hacia el futuro eran Argentina y Brasil.
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La etapa riograndense de los saladeros uruguayos tuvo una historia corta. Llegó un momento en el que, de
acuerdo a Julio Martínez Lamas(s.f.: 80-82), nueve de los diez saladeros de la frontera eran uruguayos.
Mi intención es abordar exclusivamente los de la frontera norte, los situados sobre el río Quaraí
(Cuareim) y en la zona contigua a la ciudad fronteriza de Santa Ana do Livramento. En términos
generales su ciclo fue de aproximadamente treinta años, desde finales de la década de 1880 a la de 1920,
con un pico de intensidad entre los años 1903 y 1910, en que se fundaron cuatro de los seis
establecimientos existentes sobre el río Cuareim y en el área de Rivera. Esos saladeros fueron: el Barra do
Quaraim (1887), cerca de la desembocadura del Quaraí en el río Uruguay; el Novo – Quarahy (1894) y el
São Carlos (1910-11) en las inmediaciones del poblado de Quarahy, situado enfrente de la ciudad
uruguaya de San Eugenio (hoy Artigas); el Livramento (1903) (que en 1917 adquiriría Armour de Estados
Unidos), el São Paulo (1910), y el de la Sociedad Industrial y Pastoril (1907) (que se vendería en 1918 a
Wilson de Estados Unidos), estos últimos localizados a poca distancia de Santa Ana do Livramento y de
la ciudad uruguaya de Rivera.

LOS SALADEROS DEL CUAREIM

El río Cuareim limita la frontera de Uruguay con el Brasil por el N. y NE., pero no en todo su curso, sino
solamente desde su confluencia con el arroyo Invernada, según fue determinado en el tratado de límites
celebrado entre la República y el Brasil el 12 de octubre de 1851(Araújo, 1912: 146).
Varios saladeros se asentaron en sus orillas.

5
El Saladero Barrado, conocido también por el nombre de su ubicación, Barra do Quarahim, fue fundado
en 1887 por Hipólito Lessa, más tarde pasó a propiedad de la Compañía Industrial del Cuareim. Luego
cambiaría nuevamente de dueños.
En 1912 eran copropietarios del mismo Minelli, González y Cía. Se trataba de una firma mayorista e
importadora de productos textiles, constituida en Montevideo en 1904, sobre la base de otra que había
iniciado sus actividades en 1850 y cuya razón social original había sufrido sucesivas modificaciones. El
capital de este registro – que era como se denominaba a las compañías que comerciaban con telas – era de
cuarto millón de pesos (a la paridad legal algo más de 53.000 libras esterlinas) y contaba con una red de
vendedores que viajaban por el interior del Uruguay.
Sus integrantes eran copropietarios, directores y representaban al saladero Barrado en la capital uruguaya.
En este emprendimiento eran socios de Minelli, González y Cía. los uruguayos Manuel Lessa, S. Frías de
Río de Janeiro y la firma João Peró y Cía, de Uruguaiana (Lloyd, 1912: 416-417; Barrios Pintos, 1989:
tomo 2, 501-503).

Manuel Lessa había sido comisionado en la década de 1890 por el Poder Ejecutivo para trasladarse a la
ciudad de Londres con la finalidad de obtener un préstamo para crear el Banco de la República Oriental
del Uruguay. La misión concluyó con éxito y Lessa integró como vocal el primer directorio de la
institución estatal (1896). Al finalizar 1902 participó de la constitución del primer frigorífico nacional, La
Frigorífica Uruguaya, que presidió a partir de ese momento. Se vinculó a otras industrias, como la
embotelladora de agua mineral Salus (1907) y la Vidriería y Cristalería Nacional (1913) (Barrán-Nahum,
1977: 173-174; Jacob, 1991: 220-224).
La sociedad anónima Barra do Quarahim fue inscrita en el registro oficial en el año 1912 y tenía por
finalidad la administración y explotación de saladeros. Se constituyó con un capital de trescientos mil
pesos uruguayos (AE, 1915: 736). El capital total de la compañía fue estimado en casi el doble, unas
125.000 libras esterlinas, y comprendía campos, ganado de cría, las construcciones y el capital de giro.
Atendía varios mercados, el del tasajo y grasa para Brasil, y el de cueros, ceniza, lenguas, astas, huesos y
cola para Europa. La producción era enviada por el ferrocarril Noroeste a Salto, y de ahí era trasladada a
Montevideo por vía fluvial.
El establecimiento contaba con talleres de tonelería, herrería, hojalatería, planta de generación de
electricidad, zorras que se movilizaban sobre rieles y una flotilla para transportar la producción a través
del río hasta la estación del ferrocarril.

4

Estas dos fuentes no coinciden totalmente. Barrios Pintos se basa en la crónica que el periodista Arturo P. Visca publicó el 9
de junio de 1908 en el diario La Razón de Montevideo, transcripta por la Revista de la Biblioteca Nacional(RBN), N° 18,
Montevideo, 1978, pág. 119.

6
El Saladero Novo-Quarahy estaba situado sobre el río Cuareim, a pocos kilómetros de la ciudad brasileña
de Quarahy, frente a la capital del departamento de Artigas. Había sido fundado en 1894 por Cluzet &
Guerra.
Entre 1901 y 1908 perteneció a Jorge C. Dickinson y Emilio Calo, empresarios con actividad en Uruguay,
girando bajo la razón social E. I. Calo y Cía.
Emilio Calo había sido gerente de un saladero en la ciudad uruguaya de Mercedes, y posteriormente
administrador y socio industrial en otro, en la localidad de Paso de los Toros. De este último se retiró a
fines de 1900 para explotar el Novo-Quarahy. Calo fue electo diputado por el departamento de Artigas e
ingresó a la Cámara de Representantes en 1917, falleciendo en Montevideo dos años después (Barrios
Pintos, 1989: tomo 1, 235).
Charles Dickinson había nacido en Liverpool hacia 1842, radicándose en Uruguay en 1859, cuando aún
no había cumplido los 20 años de edad. Con sus hijos logró construir un pequeño imperio regional con
centro en el puerto fluvial de Salto, sobre el río Uruguay, que posteriormente controló desde Buenos
Aires donde pasó a residir. La firma C. Dickinson e Hijos adquirió los saladeros La Conserva (en el
último cuarto del siglo XIX) y La Caballada (1909), ambos en Salto. Arrendó otro situado del lado
argentino, casi enfrente, en Concordia. Con un socio fundó la Barraca Inglesa que exportó frutos del país.
También llegó a tener establecimientos en Brasil, en Rio Grande do Sul y en la región de Mato Grosso.
En Montevideo explotó el saladero Porvenir. Entre 1909 y 1922, en que dejó los saladeros La Conserva y
La Caballada en Salto, y el Porvenir en Montevideo, se sucedieron tres razones sociales: Dickinson y
Cía., Dickinson e Hijo, C. G. Dickinson y Cía (El Siglo, 1913: 52-57; Tadeu, 2001: 127; Seoane, 1928:
115 y 128).
En octubre de 1908 la familia Tabares de Montevideo adquirió la parte de Dickinson en el Novo-
Quarahy, que comprendía la mitad del saladero y de las estancias. A partir de esa fecha la razón social
pasó a ser Calo, Tabares y Cía. Entre 1919 y 1922, fallecido Calo, fue explotado por Tabares y Segada.
La firma R. Tabares y Cía., integrada por Rosauro Tabares y sus hijos Ramón y Rafael, fue fundada en
Montevideo en 1897. Rosauro Tabares se inició en esa industria en la capital uruguaya, en el saladero
Tejera que arrendó luego, en 1897. En 1906 adquirió en subasta pública el Santa Rosa, a orillas del
arroyo Pantanoso (Lloyd, 1912: 402; LC, 1925: 156; Seoane, 1923: 27).

Hasta 1916 siguió en
Montevideo con los dos establecimientos: el Santa Rosa y el Tejera, hasta que este último fue vendido al
Frigorífico Artigas, luego Armour.

5

En 1924 los Sres. Tabares y Carámbula impulsaron la instalación de un saladero cerca de la ciudad de Artigas, del lado
uruguayo. Comenzó a funcionar al año siguiente y sobrevivió un corto período, en el que utilizó el procedimiento para preparar
tasajo patentado por la firma Tabares y Cía. de Montevideo (Aníbal Barrios Pintos, 1989: Tomo 2, 345).

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Posteriormente, retirado Tavares, el saladero de la frontera fue explotado por Correa y Giudice, Juan
Tamborindengui, y por último, hasta 1927, por Gaudencio Conceição (Barrios Pintos, 1989: tomo 2, 502).
El saladero Novo-Quarahy en 1901 había inaugurado su planta generadora de electricidad. Contaba con
un sistema de transporte aéreo para cruzar el río (un aerocarril con vagonetas que eran impulsadas por un
motor), y un ramal férreo desde la estación de San Eugenio hasta la orilla del río Cuareim. La producción
salía por el FF.CC. del Norte rumbo al puerto de Montevideo.
El establecimiento explotaba una cabaña especializada en ganado Hereford. A fines del siglo XIX
absorbía 15,5% del ganado faenado en el Estado ( da Fontoura, 1990: 26-31; El Siglo, 1913: 88; RBN,
1978: 136-137). En 1907 declaró un total de quinientos trabajadores y una potencia de 200 HP. Por el
valor de su producción ocupó el octavo lugar entre las cien mayores industrias de Brasil, y el primer
puesto entre las de Rio Grande do Sul (Fonseca, 1985: 287).
Entre 1910 y 1911 se había fundado otro, el São Carlos, en el que también participaron empresarios
uruguayos (Reverbel, Mendívil y Cía.) (Martínez Lamas, s.f.: 80-82). De acuerdo con otras fuentes, el
saladero fue fundado por un uruguayo de nombre Mendive. Se trataría de Carlos Mendive, barraquero y
saladerista, con intereses en ambas ciudades del Cuareim, San Eugenio y Quarahy, a las que dotó de
servicios telefónicos en 1905 y 1906. Posteriormente fue propiedad de Osorio Rocha y Cía. De 1916 a
1918, en que interrumpió sus actividades, fue explotado por el comerciante y político brasileño
Gaudencio Conceição. En la revuelta riograndense de 1923 fue incendiado por tropas insurgentes (Barrios
Pintos, 1989: tomo 1, 235; tomo 2, 470 y 502).
Este saladero exportaba tasajo y sebo por el puerto de Montevideo. En la capital del país era representado
en sus operaciones comerciales y financieras por la barraca Manuel Allende y Cía (Lloyd, 1912: 423-
424).

LOS SALADEROS DE LIVRAMENTO

En la década de 1910, Rivera, la capital del departamento del mismo nombre, había adquirido gran
desarrollo desde su unión a Montevideo por ferrocarril(1892). Estaba edificada frente a la ciudad
brasileña de Santa Ana do Livramento, en un llano dominado por el cerro del Marco, llamado así por el
marco o mojón que indica el límite con el Brasil. En el espacio de pocos años duplicó su población por el
movimiento comercial que estimuló el ferrocarril Central, ligado a los ferrocarriles brasileños que se
dirigían a las principales ciudades de la provincia de Río Grande y a Río de Janeiro (1913). La producción
de los saladeros que había en Santa Ana, era cargada en Rivera para seguir después a Montevideo.

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En 1913 los productos que fueron embarcados en Rivera por el ferrocarril Central y que provenían de los
saladeros de Santa Ana, importaron quince millones de pesos oro. Este era el llamado comercio de
tránsito. Uruguay no cobraba derechos por la exportación, pero quedaba mucho dinero que se pagaba por
los servicios (fletes de carros, ferrocarril, puerto, comisiones, etc.) (Cincinato Bollo, 1914: 101-102). El
ferrocarril además transportaba otros productos, como cueros, lanas y maderas.
El Saladero Livramento (Anaya e Irigoyen) fue fundado en 1903 por Pedro Irigoyen y Francisco Anaya.
La firma original había sido creada en Montevideo en la segunda mitad del siglo XIX por Enrique Anaya
y Juan Pedro Irigoyen, padres de los empresarios citados. En 1898 había sido la de mayor faena en la
capital de la República, contabilizando el 14% de las reses sacrificadas por los saladeros en el área
metropolitana (Lloyd, 1912: 402; Seoane, 1923: 21; Barrios Pintos, 1990: tomo 2, 176-178).
Ambos socios eran además hacendados y explotaban sus propios establecimientos agropecuarios. Anaya
era propietario de la cabaña Progreso en el departamento de Florida (1.600 cuadras) en las que criaba
ganado de raza. Irigoyen poseía una extensión de 5.000 cuadras en las cercanías de la planta industrial
(Lloyd, 1912: 402). La gestión de la empresa se dividió. La dirección del saladero la ejerció Irigoyen, el
escritorio de ventas en Montevideo estuvo a cargo de Anaya.
Pedro, en realidad Juan Pedro Irigoyen Pérez, había nacido en Montevideo en 1870 en el hogar formado
por Juan Pedro Irigoyen y Josefa Pérez. En 1894 contrajo enlace con Paulina Laxague con quien tuvo
nueve descendientes (DR, 1996: Nº 9).

Pedro Irigoyen fue de filiación política blanca y ésa pudo ser una de las causas de su posterior radicación
en Rio Grande do Sul. Por lo pronto así fue según la versión familiar (do Prado, 2000: 67-69). El saladero
habría sido utilizado como depósito de armas y municiones en la guerra civil de 1904. Además habría
contratado como compradores de ganado al antiguo jefe político de Rivera, Abelardo Márquez, y a
Bernardino Pereira, hermano del caudillo riograndense João Francisco.
Irigoyen falleció en junio de 1940. Hasta sus últimos días siguió siendo un “hombre de frontera”, con
intereses en ambos países. Esa dualidad fue patente durante el acto de su sepelio en el cementerio de
Livramento: entre los oradores se contaron el Presidente de la Departamental Nacionalista (Herrerista) de
Rivera y un obrero del saladero San Pablo. Había sido candidato en 1938 a la intendencia municipal de
Rivera por el Partido Nacional (La Opinión, 1940: 1). La definición más ajustada para estos empresarios
de la frontera apareció en un reportaje de un diario local: eran “ciudadanos de dos Patrias”.

6

Esta versión del Diccionario Riverense, corregida por María Mercedes Irigoyen, me fue proporcionada por Carlos Fitzgerald
Irigoyen.

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Reportaje al Dr. Gildasio Andrade de Oliveira, en ocasión de fundamentar la erección del monumento a Pedro Irigoyen en la
línea fronteriza que separa a Livramento de Rivera, en A Plateia del 19 de julio de 1958 (recorte s.p.).

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El establecimiento estaba situado a unos cinco kilómetros de la ciudad de Santa Ana do Livramento, casi
sobre la línea fronteriza. Ocupaba un área de más de quinientas hectáreas sobre el arroyo Carolina. La
población del saladero se aproximaba a las 900 personas distribuidas en unas 150 viviendas (Bleil, 2001).
En una encuesta censal de 1907 consignó un plantel de 410 operarios y maquinaria con una potencia de
110 HP (Fonseca, 1985: 287). En esa ocasión ocupó por el valor de su producción el segundo lugar entre
las industrias de Rio Grande do Sul, el décimosexto en una lista que incluyó a las cien mayores de Brasil.
Era una industria moderna que además de tasajo elaboraba conservas, jabón y velas. Dotada de luz
eléctrica contaba con una forestación de eucaliptus para abastecer sus necesidades de madera y leña. Una
carretera macadamizada la comunicaba con Livramento.
Fue adquirido por la firma norteamericana Armour que en 1917 comenzó sus actividades como
frigorífico. Irigoyen integró la S.A. Cía. Armour do Brasil hasta 1919, sirviendo por sus conexiones de
“relacionista público”, de nexo con las autoridades y con los proveedores de ganado.
Fue, de acuerdo a da Fontoura Marques, de los primeros en utilizar sal de Brasil en una de las fases de la
elaboración del tasajo: los tanques de salmuera. Imbuido de un espíritu paternalista, cultor de un
asistencialismo empresarial de inspiración cristiana, se preocupó de mejorar las condiciones de vida de
sus asalariados. Levantó una escuela en la que se enseñaba el español y se impartía el catecismo de
acuerdo a los principios de la religión católica. También se encargó de otras necesidades básicas, como la
calidad de la vivienda, la cobertura sanitaria, el esparcimiento mediante exhibiciones cinematográficas
gratuitas (DR, 1996: Nº 9).
El saladero de la Sociedad Anónima Industrial y Pastoril fue fundado en 1907 cerca de Livramento. Luis J.
Supervielle, principal del Banco Francés Supervielle de Montevideo, presidía la empresa. En 1918 se vendió
a la compañía estadounidense Wilson para ser transformado en frigorífico. La Compañía Wilson
Internacional ese año había establecido su sede regional en Uruguay con un capital de cinco millones de
pesos. Más del noventa por ciento estaba constituido por acciones de Wilson de Argentina (1913) y Wilson
do Brazil (Winkler, 1971: 155).
El saladero São Paulo, situado en Rincón de Coqueiro, fue fundado en 1910 por la Compañía Progreso
Uruguay-Brasil, constituida por capitalistas brasileños y uruguayos, entre los que se encontraban Manuel
Lessa y Pablo Minelli. La Compañía Progreso Uruguay-Brasil fue inscrita como sociedad anónima en 1911,
con un capital de trescientos mil pesos uruguayos (casi sesenta y cuatro mil libras esterlinas) (AE, 1915:
736). El saladero fue arrendado en 1917 por Pedro Irigoyen, después de haber vendido el suyo al Armour
(Barrios Pintos, 1990: tomo 2, 176-178). Posteriormente Irigoyen lo adquirió en sociedad con los santanenses
Lycurgo Guerra y Policarpo Duarte. Al retirarse Lycurgo Guerra, la firma pasó a girar bajo la razón social
Irigoyen & Duarte. Con la crisis de 1930 los ganaderos riograndenses buscaron contrarrestar el poder de los

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frigoríficos extranjeros creando cooperativas para elaborar tasajo mientras se decidía la creación de un
frigorífico nacional. El São Paulo, impulsado por Irigoyen, se transformó con el tiempo en la Cooperativa
Santanense de Carnes e Derivados (DR, 1996: Nº 9).
Todos estos establecimientos exportaban por el puerto de Montevideo (Lloyd, 1912: 402 y 417), tradición
que continuaron los frigoríficos que sucedieron a dos de los saladeros de Livramento (Seoane, 1928: 429;
do Prado, 2000: 99-100).

El de Cuareim se servía de las líneas del FF.CC. Noroeste, el de Quaraí de las
del FF.CC. del Norte y los de Livramento utilizaban las del FF.CC. Central (Moraes, 1990: 44). Los
saladeros fundados en el exterior solían servirse no sólo de la infraestructura de transportes uruguaya,
sino también de su sistema bancario. Julio Martínez Lamas (s.f.: 80-82) constataba a mediados de la
década de 1930: “Han desaparecido casi en su totalidad, reemplazados por el capital brasileño y los
frigoríficos norteamericanos”.
B

ALANCE DE UN CICLO

El auge de la industria saladeril uruguaya en Rio Grande do Sul coincidió con un período de inestabilidad
política, de intentos e insurrecciones armadas, y también con la adopción de trabas arancelarias por parte
de Brasil, con el aumento o creación de impuestos.

Esta emigración de capitales fue por lo tanto un proceso complejo. ¿Directa o indirectamente gravitaron
razones políticas en esa decisión? De la media docena de saladeros que cito, la mitad fueron fundados
después de 1904, en que concluyó la última guerra civil que involucró al medio rural uruguayo. De los
tres restantes, sólo uno fue establecido en un período de beligerancia latente. Sin embargo, siempre cabe
la eventualidad de que pesó el temor de que la paz fuese inestable, como lo demostró la frustrada
intentona revolucionaria de 1910. Las insurrecciones alteraban la tranquilidad del medio rural, interferían
en el desarrollo de la ganadería, e incidían negativamente en el mercado laboral. El ganado y las
caballadas necesarios para alimentar la guerra eran requisados. Por dónde pasaban los ejércitos los
hombres eran reclutados. Si se quiere seguir hilando la trama de lo político se puede pensar que la
existencia de saladeros en los países vecinos permitía neutralizar al Uruguay “alzado” y cumplir con la

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Por concesión otorgada por ley (16 de julio de 1918) el frigorífico Armour de Livramento arrendó por diez años, con opción
a otros diez, un depósito refrigerado en el puerto de Montevideo. También exportaron su producción por Montevideo los
frigoríficos Wilson de Livramento y Swift de Rosario.
Montevideo continuó siendo el puerto exportador de los frigoríficos de la frontera después de la segunda posguerra.

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En la novela Sucedió así, su autor, el Dr. Agustín Minelli (1894-1966), “reunió sus vivencias sobre la guerra civil de 1904”.
Su testimonio interesa pues su padre integró la razón social “Minelli, González y Cía.”, que participó en la expansión de los
saladeros uruguayos en el exterior. En la narración Minelli reconoce que los saladeros emigraron por los impuestos
implantados por Brasil, admite que los saladeristas adquirían ganado de contrabando (entendiendo por tal un modus vivendi
fronterizo) y describe el traslado en busca de protección de animales y vehículos de una estancia de Rivera a otra de Rio
Grande do Sul (Minelli, 1996: 13 y 14).

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demanda de los mercados. Interrumpir los abastecimientos era una amenaza siempre latente. De
producirse equivalía a obsequiar un porcentaje del comercio exterior uruguayo a los saladeristas de
Argentina y Brasil. Era conceder ventajas a la competencia. Pero estas son conjeturas. De hechos entre
sus propietarios se encontraron miembros del Partido Nacional como Pedro Irigoyen y Francisco Anaya;
y del Partido Colorado como Pablo Minelli y Luis J. Supervielle. En 1904 los saladeristas lograron que
sus “peonadas” fueran eximidas de la leva y contaron con una sobreoferta de ganado proveniente de
aquellos hacendados que preferían liquidar a bajo precio sus rodeos a que cayesen en manos de los
beligerantes (Barrán-Nahum, 1972: 109-115).
Con distintos matices, marcados por la distancia, estaban en el área de influencia de tres fronteras. Esto
fue importante a la hora de aprovisionarse de ganado pues, por lógica, las diferencias cambiarias
constituyeron una de las variables del costo de producción. En particular si se piensa que por lo menos
hasta 1914 los uruguayos pudieron ofrecer libremente un medio de pago internacional, las apetecidas
libras esterlinas de oro. Aunque la práctica sobrevivió a las caídas y recaídas de los signos monetarios de
la región.

Había tal conciencia del tráfico de ganados, que en el manual de enseñanza de Geografía firmada por
Pedro Martin, se había incluido un texto en la parte dedicada al departamento de Artigas en el que
describía los tres métodos utilizados por los ganados argentinos para cruzar el río Uruguay rumbo a los
saladeros del Uruguay o del Brasil. Era una suerte de cartilla para troperos (Martin, s.f.: 93-94, 105-
106).

Parte de la rentabilidad la proporcionaba la posibilidad de sortear los obstáculos de la Aduana, el
contrabando. El concepto de legalidad era frágil y difuso en la frontera, donde se vivía bajo un mismo
cielo pero sometido a la legislación de dos o de tres países. Lo prohibido no necesariamente era vivido
como una colisión con lo ético. Bastaba con galopar unas leguas para pasar de lo aceptable a lo
reprobable, sin mediar más explicación de que se estaba cobijado por otra bandera. El paisaje, con sus
amaneceres y atardeceres, seguía siendo el mismo.
Si Brasil comenzaba o terminaba en “tal cerro”, o en “aquel arroyo”, fue discutible por lo menos hasta
que comenzó a finalizar la primera década del siglo XX, en que las cancillerías de los dos países
emprendieron gestiones para concluir la definición de sus límites. De 1852 a 1862 se colocaron menos de

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A mediados de 1931, mientras se derrumbaba el orden monetario internacional, la rama colegiada del Poder Ejecutivo, el
Consejo Nacional de Administración, resolvía solicitar a la Presidencia de la República el concurso del Ejército para impedir el
contrabando de ganado de Brasil. Además decidió aceptar el ofrecimiento del Presidente de enviar una dotación de la Armada
para evitar el contrabando de ganado de Argentina por el río Uruguay, a la altura de Paysandú. En esta ocasión correspondió a
Uruguay ser el anfitrión regional. (AGN- CNA, libro N° 5255, 1931: tomo 2, página 349).

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Pedro Martín al encarar el departamento de Rivera, después de afirmar que “desgraciadamente los dos tercios de las
haciendas están en manos de brasileños” reconoció que buena parte de las novilladas se enviaban a los saladeros de Río
Grande.

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setenta marcos a lo largo de toda la frontera, desde la barra del Cuareim a la del Chui. Es a partir de la
década de 1920 que las comisiones demarcatorias intercalaron más de mil mojones para distinguir el lugar
en que se separaban ambos territorios.

Se ha afirmado que los saladeros de la frontera contaron con mano de obra más barata y más fácil de
disciplinar (Pesavento, 1983: 84). De ser así habrían tenido la oportunidad de aumentar la competitividad
estableciendo sus plantas en un país donde el jornal de los trabajadores era más bajo y la posibilidad de
conflictos era menor.
Desarrollar las actividades en territorio brasileño les permitía franquear las barreras arancelarias de ese
país: eran productores nacionales. Exportar la producción por el puerto de Montevideo –de acuerdo a la
prensa riograndense- proporcionaba a los saladeros uruguayos la posibilidad de agregar sus productos. El
diario Correio do Povo de Porto Alegre denunciaba en 1922 que el tasajo uruguayo se introducía de
contrabando en Brasil (Pesavento, 1983: 77-93).

Esta última operación no era sencilla. Se necesitaba documentación apócrifa y un buen dominio de las
matemáticas para el estudio de los costos y de los beneficios.
Tomar a estos seis saladeros en conjunto constituye un buen ejercicio para tratar de percibir las
peculiaridades del entramado empresarial. Esta media docena de industrias fueron fundadas antes del
triunfo del frigorífico como sistema de industrialización de las carnes; dos de ellos previo a la
constitución del primer frigorífico uruguayo.
En su mayor parte eran establecimientos modernos, vinculados por algunos de sus subproductos a los
mercados capitalistas más avanzados. Conocían las ventajas del uso del vapor y comenzaban a tomar
conciencia de la potencialidad que ofrecía la electricidad. Uno de los signos de esa “modernidad” era
precisamente el contar con energía eléctrica propia (da Fontoura, 1990: 56).

Además de tasajo producían grasa refinada, velas de glicerina, jabones, lenguas en conserva, y por lo
menos uno de ellos, extracto de carne. En 1907 el Novo-Quarahy, de acuerdo al valor de su producción,
ocupó el octavo lugar entre las cien industrias más importantes de Brasil; el de Anaya e Irigoyen el
décimosexto. Estaban en los dos primeros puestos entre las veintiséis industrias seleccionadas de Rio
Grande del Sur (Fonseca, 1985: 287).
El protagonismo de los inversores uruguayos se percibió rápidamente en las estadísticas.

12

Más información sobre el particular se puede encontrar en http://www.info.Incc.br

13

Es de dominio público que muchos charqueadores de la frontera pagaban un impuesto de matanza doble o triple de la
matanza que realizaban, para poder obtener las guías necesarias y que al pasar la frontera el charque, le era adjuntado el de
ganado uruguayo en número suficiente para completar las guías” (Pesavento, 1983: 77-93).

13
Aunque debe hacerse la salvedad que si ellas se basaban en las guías de matanza de los saladeros, esa
fuente era denunciada por dejar un espacio para incluir el envío de tasajo uruguayo. ¿Qué percibieron los
contemporáneos? Que en el período 1906-1910, gracias a la participación de los capitales uruguayos, los
saladeros de Rio Grande do Sul lograron revertir la tendencia histórica de los años precedentes:
sobrepasaron en casi un diez por ciento el número de animales faenados por los establecidos en la
República O. de Uruguay. Entre los años 1911 y 1915 la diferencia había aumentado considerablemente:
la matanza de ganado casi llegó a triplicar a la de Uruguay. En el cuatrienio 1916-1919 decayó la
actividad de los saladeros en toda la región. Aún así, los de Rio Grande mantuvieron holgadamente la
delantera en las estadísticas con respecto a los de Argentina y Uruguay (Acevedo, 1936: 48-49).
Lo primero que llama la atención es la inestabilidad del grupo. El saladero de la barra del Cuareim
cambió de razón social en por lo menos dos oportunidades, el Novo-Quarahy en seis o más, el São Paulo
de Livramento en tres, el São Carlos del Cuareim en dos. Los ciclos de explotación por una misma firma
fueron desiguales. El mínimo, el más corto, entre tres y siete años. Los saladeros de Anaya e Irigoyen y
de Supervielle y asociados fueron vendidos a frigoríficos norteamericanos catorce y once años después de
haber sido fundados. El São Carlos, había pasado a manos brasileñas por esa fecha. Es decir, que poco
después de finalizar la primera guerra mundial, de los seis saladeros la mitad ya no existían como tales ni
como inversiones uruguayas.
Otro punto digno de interés es que un tercio de esos saladeros en algún momento fueron explotados por
empresas mixtas, por compañías de capitales uruguayos asociados con capitales brasileños.
Hubo cierta tendencia a la concentración. Algunos nombres se repiten. Don Pedro Irigoyen, después de
vender el saladero Livramento que explotaba con Anaya, se asoció para arrendar primero y después
adquirir el São Paulo. Manuel Lessa y Pablo Minelli estuvieron juntos en el São Paulo y el Barra do
Quarahim.
El triunfo y extranjerización de la industria frigorífica uruguaya no parecen haber incidido demasiado en
la fuga de capitales y su radicación en saladeros de Brasil. Tanto la familia Tavares como Irigoyen
vendieron establecimientos de su propiedad a frigoríficos norteamericanos y siguieron vinculados a la
industria saladeril. Manuel Lessa, por su parte, había participado en Montevideo de la fundación del
primer frigorífico de capital nacional. Los casos de los comerciantes Minelli, González y del banquero
Supervielle fueron atípicos, pues eran inversionistas provenientes de otras actividades. Para la familia
Dickinson, en cambio, lo importante parece haber sido la diversificación en la región, pues explotaban
saladeros en Montevideo y Salto, en Concordia en Argentina, y en Rio Grande do Sul y Mato Grosso en

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Generalmente los saladeros aprovechaban para la faena la parte más fresca del día, razón por la que solían comenzar a
trabajar a partir de la medianoche. La iluminación eléctrica fue importante para el trabajo nocturno pues la proporcionada por
las velas era insuficiente y la de las lámparas a queroseno terminaban por contaminar la carne.

14
Brasil. En el de Itaquí (1910), en Rio Grande do Sul, fabricaban extracto de carne, un producto similar al
que producía la Liebig. Los Dickinson apoyaron la fundación en 1917 en Pelotas (RGS) de un frigorífico
nacional, que por la escasez de capital de giro fue absorbido en 1921 por la empresa británica Vestey
(Frigorífico Anglo)(da Fontoura, 1990: 36; Suzigan, 1986: 340-343).
¿Por qué entraron en crisis en la década de 1920? Así como no existe una única explicación para el
proceso de expansión, tampoco hay una única causa que justifique su caída.
El comienzo en 1914 de la primera gran guerra había obligado a prohibir la exportación de oro. La
necesidad de alimentos disparó el precio del ganado. Los fletes se fueron por las nubes y arrastraron el
precio del carbón. Se incrementó la demanda de carnes conservadas y también los costos de producción.
La industria saladeril no escapó, no podía escapar, a las consecuencias de la crisis económica que se
comenzó a gestar poco antes de concluir en 1918 el conflicto.
La matanza excesiva y el aumento del precio del ganado terminaron por postrar a la industria de la carne a
fines de la década de 1910 y comienzos de la de 1920 (Suzigan, 1986: 340-343). El tasajo, que en 1911
aportó el 32,3% del valor de las ventas (exportaciones) del estado de Rio Grande do Sul, en 1921
descendió al 19,3% (Fonseca, 1985: 284).
La esclavitud había sido abolida en Brasil y una parte de la antigua mano de obra fue sustituida por
inmigrantes europeos. Una explicación plausible puede ser el cambio en los hábitos alimenticios. Lo que
sucedió fue que el incremento del número de cabezas de ganado fue acompañado por el aumento del
consumo de carne fresca. Sin embargo, el proceso fue muy lento y parcial. En realidad la población
norteña nunca abandonó totalmente el consumo de tasajo, uno de los ingredientes de uno de sus platos
más populares, la feijoada.
De todas formas, sin subestimar la incidencia de todos estos factores circunstanciales, en el largo plazo
era una industria llamada a decaer en relación directa con la difusión y auge del consumo mundial de
carne enfriada y congelada. Finalmente habían surgido nuevos mercados, pero no para el tasajo. Resulta
esclarecedor en ese sentido el informe presentado en 1909 por Álvaro Batista, Secretario de Hacienda de
Río Grande do Sul, quien alertó al Presidente de su Estado sobre la transitoriedad de la industria del
tasajo, que sólo había logrado transponer con éxito los límites del Cono Sur para llegar a Cuba (Fonseca,
1985: 268).
Otra de las causas que se citan con frecuencia para explicar la decadencia es la política riograndense para
imponer el puerto de Rio Grande – su puerto de ultramar – y la construcción de tramos ferroviarios
destinados a servirlo. Los saladeros habían sido fundados en función de los bancos de la capital uruguaya
especializados en las operaciones con el exterior y de la red férrea británica que unía la frontera con el
puerto de Montevideo. No obstante, contrarrestar la atracción que ejercía el sistema de comunicaciones

15
anglo-uruguayo no fue una tarea sencilla, ni los frutos se irían a cosechar de inmediato. Este se defendió y
siguió manteniendo su competitividad. Hacia 1928 las quejas del gobierno riograndense no sólo no
habían cedido sino que se habían intensificado. Los dos frigoríficos que se instalaron en Livramento
seguían (y seguirían) utilizando las instalaciones portuarias de Montevideo y los rieles que conducían a
ellas.
En la declinación de los saladeros incidieron los frigoríficos que se establecieron en esa parte del estado
de Rio Grande do Sul. Ellos estimularon el mejoramiento del rebaño mientras hacían conservas con los
animales de calidad inferior. Al igual que en el Río de la Plata impusieron nuevas reglas, tanto en la
producción como en la comercialización del ganado. Compitieron con los saladeros en el mercado de
haciendas y en el de los subproductos de la industrialización de la carne, para concluir, finalmente,
elaborando también tasajo. De esta forma fueron acorralando a la industria tradicional.
Cuando comenzó la década de 1920 se encontraron en medio de una tormenta provocada por la demanda
originada como consecuencia de la guerra. La crisis terminó por reestructurar el sector en beneficio de un
reducido grupo de frigoríficos extranjeros siguiendo un patrón que, salvo leves variantes, fue idéntico en
todo el Cono Sur.
Los saladeristas, aún aquellos que les habían vendido sus establecimientos, se encontraron inermes, sin
los capitales y los conocimientos del mercado necesarios para emprender el camino inverso: instalar
cámaras frigoríficas y la maquinaria para fabricar cualquier tipo de conservas y poder así llegar a otros
consumidores.
A esta competencia se le agregó el creciente peso de otras zonas productoras, como Mato Grosso, que en
1905 “exportó” al resto de Brasil más de cien mil quilos de charque, y un cuarto de siglo después, en
1930, más de cuatro millones de quilos (Tadeu, 2001: 188).
Asimismo influyeron los cambios en la política arancelaria. De 1902 a 1906, el gravamen al tasajo
uruguayo fue aumentado progresivamente, se mantuvo constante de 1906 a 1916, siendo disminuido
entonces. Pero paralelamente comenzó a aplicarse una tasa a las haciendas de corte entradas de Uruguay
por la frontera, encareciendo el precio de las reses (Pesavento, 1983: 77-93). Estas variaciones tendían a
favorecer la oferta de materia prima a los saladeros radicados en Uruguay. Estos, ni lentos ni perezosos,
comenzaron a avizorar la recuperación de la rentabilidad perdida.
Pero la comercialización de ganado en pie era muy difícil de controlar a lo largo de cientos y cientos de
kilómetros desguarnecidos o apenas custodiados. Esa zona les brindó la posibilidad de adquirir ganado a
los troperos de uno de los tres países, de acuerdo a las variaciones coyunturales en la relación de sus

16
monedas.

En el congreso anual de una de las grandes gremiales de los ganaderos uruguayos, la
Federación Rural, realizado en Rivera en abril de 1929, el Dr. Joaquín Secco Illa confirmó esto.

16

La política proteccionista desplegada por Brasil se ampliaba con la utilización de barreras
extrarancelarias, como los fletes diferenciales. El tasajo uruguayo soportaba un recargo de hasta un 25%
en el traslado por mar hasta Pernambuco.

La ley de “desnacionalización del charque” aprobada por el gobierno de Brasil en noviembre de 1928
intentó imponer los medios de transporte nacionales desplazando a los ferrocarriles y puertos uruguayos,
buscó anular el comercio de tránsito para evitar el contrabando de tasajo desde Uruguay, aspiró a
combatir la libre comercialización de ganado. Dicha norma consideró al tasajo excluido de todas las
disposiciones relativas al tránsito y de las excepciones previstas en las tarifas aduaneras. Consideró
“importadas” todas las mercaderías transportadas por vía fluvial si la navegación se interrumpía en
puertos extranjeros.
Las leyes no siempre son efectivas, pero muestran la filosofía en que se inspiran. Sobre el particular
huelgan los comentarios.
Cinco años después, un tratado comercial entre los dos países intentó limar las aristas más urticantes de
las disposiciones de 1928 otorgando una serie de concesiones a Uruguay. Pero, a pesar del corto tiempo
transcurrido, la realidad había cambiado. El mundo sufría las consecuencias de una nueva depresión. Se
estaban produciendo grandes transformaciones en la economía internacional.
Cuando la crisis de 1929 se hizo sentir en esta parte del continente, la inversión uruguaya en saladeros era
ya casi parte del pasado. En realidad no había podido sortear sin graves heridas las consecuencias de la
emergencia vivida durante la posguerra en los primeros años de esa década. Por razones económicas, o
por causas biológicas, eclipsaron algunos de los protagonistas, como Dickinson, Lessa y Minelli,
González y Cía. Otros, como Supervielle, simplemente se retrajeron y continuaron con otras actividades.
Pedro Irigoyen, en cambio, que se había radicado en la región, siguió vinculado al sector.
En la década de 1930 el acceso de Getúlio Vargas al gobierno y el triunfo de Rio Grande do Sul sobre el
resto del país dificultaron y trabaron toda posibilidad de volver al pasado. Los saladeros en manos

15

Por más que el gerente del saladero de la Barra, José Arjimbau, declaró una situación de estricta legalidad en la adquisición
de ganado ( “Nosotros – desde que el proteccionismo imperante impuso tasa prohibitiva a los ganados – sólo faenamos tropas
riograndenses, lo que en años malos, como el presente, origina mermas en la matanza”), la realidad de la “frontera”, casi
desguarnecida en algunos tramos, era otra (RBN, 1978: 119).

16

Pasemos ahora al ganado en pié. No tenemos datos exactos para juzgar la importancia de ese movimiento por la frontera.
Las estadísticas oficiales, así las nuestras, como las del Brasil, solo presentan una página en blanco. Todo eso se desarrolla
en la sombra, sin dejar rastro. (….) Pero la corriente existe. Solo que su volumen queda en el dominio del cálculo”. (Secco
Illa, Joaquín, “Intercambio ganadero con el Brasil” en Revista de la Federación Rural, N° 123, 1929: 217 – 224).

17

Según Pedro Seoane, los vapores del Lloyd Brasileiro cobraban $ 21,00 por tonelada al charque procedente de los saladeros
de Río Grande del Sur que era cargado en tránsito por el puerto de Montevideo con destino a Pernambuco, y por igual viaje y
cantidad, $ 27,00 al tasajo uruguayo (Seoane, 1928: 221).

17
uruguayas habían sido una experiencia coyuntural. Brasil abrazaba con fuerza la bandera del
nacionalismo económico. Para los saladeros uruguayos de la frontera el fin no fue el principio de algo
nuevo. Simplemente fue el fin.
C

ONCLUSIONES

El balance precedente resume gran parte de las conclusiones. No obstante, como final, me permitiré
señalar tres puntos que, en última instancia, constituyen tres líneas de acción que invitan a revisar algunas
premisas.
I- El tema de la internacionalización de empresas industriales durante la vigencia del modelo
agroexportador (1880 – 1929) y sustitutivo de importaciones (1930 – 1978) ha sido señalado para
Argentina por Bernardo Kosacoff (1999). Este autor descubre, con sorpresa, el carácter pionero de esta
expansión, para concluir que “algunas empresas argentinas resultaron ser las primeras firmas del mundo
no originarias de los países desarrollados que avanzaron en la internacionalización a través de la
radicación de plantas industriales en el exterior” (Kosacoff, 1999: 72- 73). Es necesario advertir que ese
proceso de internacionalización fue más frecuente de lo que se cree tan pronto se mira en dirección a otras
actividades, como la financiera y la mercantil. El caso del Banco Mauá a mediados del siglo XIX es una
muestra de ello. También los ejemplos del Supervielle y Comercial de Montevideo, que en 1887 y 1889
respectivamente establecieron sus agencias en Buenos Aires.
Las barreras arancelarias se presentan como una de las causas que explican la radicación de capitales en el
exterior.
Los saladeros del Cuareim y de Livramento constituyen un buen paradigma que incita a profundizar en
otro tipo de empresa, la fronteriza. Su existencia –que abarca diversas actividades además de la citada-
sugiere una dimensión variable, la canalización de capitales metropolitanos y del vecindario, una estrecha
dependencia a las políticas impositivas y cambiarias de los Estados circundantes.
II- En Uruguay no existe una historia específica de la industria de la carne que aborde la etapa del
nacimiento, auge y decadencia del subsector saladeril, a pesar de que fue un proceso casi

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sesquicentenario.

Tampoco hay un análisis del saladerista como empresario.

Si se tienen percepciones
congeladas en el tiempo es bueno comenzar por romper el hielo.
El saladero habitualmente ha sido considerado una industria arcaica o tradicional que adoptó poca
tecnología (calderas a vapor) y que dependió de la baratura del vacuno criollo, del ganado sin mestizar.
En parte esa visión se fundamenta en que sirvió para abastecer las necesidades alimenticias de la
población esclava, y en consecuencia vinculó el comercio exterior del país a mercados marginales
considerados atrasados. Esta concepción resulta esquemática si se aplica en el largo plazo. Los
establecimientos de la frontera muestran lo opuesto. Una industria o un complejo industrial moderno,
capaz de integrar actividades y de adaptarse y aprovechar las posibilidades que proporcionaba el
progreso, ya sea faenando ganados mejorados o utilizando la electricidad. También permite apreciar que
los subproductos de la faena saladeril, como cueros, astas, conservas, etc., fueron demandados por los
países europeos y Estados Unidos, por las economías más industrializadas de la época. La abolición de la
esclavitud en Brasil y Cuba y la instalación de frigoríficos en el Cono Sur fueron dos grandes desafíos
que al amenazar la supervivencia de la industria saladeril también la impactaron.
III- El papel desempeñado por Montevideo como puerto de embarque de la producción de los saladeros y
frigoríficos de la frontera ya ha sido señalado anteriormente (entre otros: Jacob, 1988; Moraes, 1990;
Bleil, 2001).
Su análisis puede contribuir a alcanzar más y mejores estadísticas. ¿Qué sucedió con los cargamentos de
los saladeros del Cuareim y de Livramento? ¿Qué sucedió con los productos de los frigoríficos?
La pregunta que corresponde formular es si ese tránsito ha sido tenido en cuenta en los cálculos del
comercio exterior del período, particularmente a partir de fines de la década de 1910, en que se construyó
un depósito frigorífico en el recinto portuario para uso de los establecimientos riograndenses (Hangar 10).
Por ejemplo, si se toma el año 1931 se constata: que de acuerdo al Anuario Estadístico (AE, 1931-1933:
500ª) Uruguay exportó 39: 601. 520 kilogramos de carne bovina enfriada; según fuentes sanitarias
(DSAG, Tomo 19, 56-69, 311-312) la exportación uruguaya de cuartos vacunos enfriados fue de 35:5 y la
del Armour de Santa Ana do Livramento de 4:932.067 (total: c. 40: 4). En 1932 –siempre de acuerdo al
Anuario Estadístico- se exportaron 26: 583.183 kilogramos de carne vacuna enfriada; 24:786.915 de
cuartos bovinos enfriados, más 4:098.877 kilogramos provenientes del Armour de Livramento de acuerdo
a los datos de la Dirección de la Policía Sanitaria de los Animales (total: c. 28:9). Las cantidades

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Contamos con una serie de aportes muy valiosos, pero fragmentados, que en su gran mayoría se integran a trabajos más
generales (estructura económica colonial, historias de la ganadería, etc.

19

La participación de saladeristas en empresas para la provisión de servicios eléctricos y telefónicos a las ciudades de
Paysandú y Salto son ejemplos por lo menos sugerentes.

19
aportadas para Uruguay por la repartición sanitaria correspondían a las exportaciones de los frigoríficos
Anglo, Swift, Armour y Nacional, entre los meses de enero a noviembre inclusive. El hecho de que falten
los embarques del mes de diciembre impide apreciar la veracidad de la información de los Anuarios, si en
las cifras globales estos incluyeron o no la producción en tránsito.
Pero se sugieren otras conclusiones. Durante esos dos años, de crisis, un único frigorífico riograndense
exportó por Montevideo un volumen de carne enfriada superior al diez por ciento de las exportaciones
uruguayas del mismo rubro. Y esos embarques se continuaron realizando (en realidad se hicieron antes y
después de 1930, durante un período de casi cuarenta años).
La decadencia del comercio de tránsito fue la crisis de un sector de los comerciantes de Montevideo, pero
no de la mercadería en tránsito. Un tráfico nada desdeñable que benefició al Estado que construyó y
administró las nuevas instalaciones portuarias; y también a las casas exportadoras; a los bancos
establecidos en el país; a los ferrocarriles y a otros medios de transporte.
B

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PASADO Y PROBABLE FUTURO DEL CAMPO ARGENTINO.
Víctor Luis Funes

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Esto se encuentra publicado en http://www.abda.com.br/palestrafunes.htm

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El campo me entusiasma desde la más tierna infancia, por muchas razones. Por una acentuada vocación que preservo desde chico. Mas que una simpatía fue un ímpetu, una efervescencia febril y arrebatadora. También el campo me apasiona por la grandeza que implica permitirnos ser copartícipes del plan de la Creación; por el particular señorío – severo, innato, recatado – que impera entre su gente; por una cierta incontaminación moral; por su acendrado y actuante espíritu cristiano – “gauchadas” de por medio -; por la belleza de sus escenarios naturales, permanentemente renovados desde la madrugada hasta el atardecer; en fin, por la valiosa y singular contribución que hizo, realiza y sin duda aportará al adelanto integral de nuestro país y a su identidad histórica.
La transformación y el crecimiento del sector agropecuario de nuestro país se pueden dividir en etapas bien diferenciadas.
La primera se extiende desde la fundación de “Nuestra Señora del Buen Aire” (3/II/1536, cuando arribaron 72 caballos y yeguas, de los que sólo restaban 7 machos y 5 hembras cuando su traslado) hasta 1810. Le sigue la que se desenvolvió hasta 1853. Después acontece la espectacular expansión ocurrida entre 1880 y 1940 (con un breve paréntesis negativo consecuencia de la crisis del 29). Luego sufrimos la parálisis fruto del apogeo del estado niñera hasta la manumisión de los prejuicios, que ahora parecen reavivarse. Por fin trataré de revelar lo que nos aguarda.
De momento, es edificante recordar lo que hicieron aquellos robustos y temerarios personajes que caminaron, descubrieron y civilizaron estas inhóspitas y agresivas soledades. Fueron los protagonistas de uno de los capítulos heroicos más sobresalientes de la historia de la Humanidad.
En 1527 Gaboto remonta el Paraná. Al cabo de un mes, (9/VI), en la boca del Carcarañá, asentó el Fuerte de Sancti Spíritus, donde por primera vez aquí se cultivan hortalizas y trigo (1).
Juan de Ayolas también navegó el Paraná hacia el norte (junio de 1536) donde se encontró con el desertor Jerónimo Romero, quien le ponderó la fertilidad del suelo y la bondad del clima. Por eso levanta Corpus Christi (15/VI/1536), cerca de lo que hoy es Coronda. Unas leguas abajo, Mendoza erigió Buena Esperanza en lo que actualmente es Puerto Gaboto (Dep. San Jerónimo).
Dos años mas tarde (15/VIII/1537) Juan de Salazar funda Nuestra Señora de la Asunción.
Por Real Cédula (12/IX/1537), los pobladores quedaron facultados para designar gobernador. Lo eligen a Domingo Martínez de Irala, quien ordenó despoblar y abandonar Buenos Aires, pese a que -según su propio juicio- era “el mejor puerto que hay en este río…”(2) Los sufrimientos que padeció aquella gente fueron atroces. Están descriptos por Ulrich Schmidel en su “Viaje al Rio de la Plata”. El grabado de T. de Bry demuestra que el hambre los arrastró hasta el canibalismo.
Aquellos tiempos homéricos registran proezas como la de doña Mencia de Calderón de Sanabria (la viuda del segundo Adelantado) quien, con cuarenta mujeres, un sacerdote y algunos indios, al cabo de sufrir prisión durante una década y dos naufragios, caminó tres años desde el Chuy hasta Asunción, luego de cruzar Uruguay, Río Grande do Sul, Misiones y las cataratas. Desde Asunción también años más tarde partiría a caballo su nieto Hernando Arias de Saavedra (que sólo tenía 16 años) para arrear 3.000 vacunos rumbo a la futura Santa Fe.
Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, que a pie desde Rio de Janeiro llegó a Asunción -luego de caminar durante años las costas de la Florida y del golfo de México-, fue el segundo Adelantado del Rio de la Plata. Con él ingresaron 36 yeguarizos en 1542 (3). Irala le traspasó el mando (11/II/1541).
Poco después (1550) Nuflo de Chaves introdujo las primeras ovejas “churras”.
Juan Ortiz de Zárate fue el tercer Adelantado y con su ascenso arribaron a nuestras tierras, procedentes de sus tierras de Charcas y Tarija, 4.000 vacas, 500 cabras, 4.000 lanares y 300 yeguarizos. Los hermanos Scipión y Vicente Goes, desde Santa Catalina (Brasil), trajeron 7 vaquillonas y 1 toro. Martín Suárez de Toledo, que reemplazó a Felipe de Cáceres en el mando de Asunción, eligió a Juan de Garay para que “abra puertas a la tierra”. Para ello el noble vizcaíno vendió sus bienes y empeñó los de su mujer. Parte de la expedición, que llevaba el ganado, marchó por tierra siguiendo siempre la costa (4) en busca de pastos y “buenas tierras de sembradío.” (5)
Como se sabe, Garay fundó Santa Fe (15/XI/1573)(6).
Martín del Barco Centenera (7) dirá: 
“Estaba la ciudad edificada / encima la barranca, sobre el río; / de tapias no muy altas rodeada, / segura de la fuerza del gentío / de mancebos está fortificada / … que son diestros y bravos en la guerra / los mancebos nacidos en la tierra” .
Ortiz de Zárate murió al año de su ascenso. Debía sucederle quien se casara con Juana, hija suya y de una princesa inca. Por eso asumió Juan Torres de Vera y Aragón, el cuarto Adelantado, quien confió a Garay el repoblamiento de Buenos Aires (que se llevó a cabo el 11/VI/1580, con 66 habitantes). Su entorno fue parcelado con destino a chacras de sembradío y huertas. 
Unos días antes, el 1/VI, vísperas de Corpus Cristi, ocurrió en Santa Fe el levantamiento de “Los siete jefes”, al que varios consideran -mi padre, entre otros- el primer antecedente del Año X.
Luego vendrán los repartos de las suertes de estancia, las vaquerías (descriptas por Fray Pedro José de Parras), las nacientes exportaciones de cueros, ovejas y tasajos a Brasil y Cuba autorizadas por Felipe III (Real Cédula del 2/VIII/1602), la implantación de la primera matrícula de matarife (23/III/1609), la multiplicación de las Misiones (particularmente las guaraníticas asentadas por los PP. Jesuitas), la aparición de los saladeros, el contrabando, etc.
La primera marca la concedió el Cabildo de Bs. As. a Francisco Salas Vidella, (19/V/1589).
En 1617 (Real Cédula del 16/XII) Felipe III divide la gobernación en dos: la del Rio de la Plata y la del Guairá (con capitales en Buenos Aires y Asunción) y veintitrés años más tarde (5/X/1617) comienza el traslado de Santa Fe por disposición de Diego de Góngora hacia el rincón de la estancia de Juan Lencinas. El capitán Antonio de Vera Mujica regala tierras al Cabildo santafesino. Al nombre primitivo se le añade el de la Vera Cruz. Al cabo de diez años (1660) la mudanza había concluido, las estancias fueron repobladas, se multiplicaron las ofensivas contra los malones depredadores y se constituyeron numerosas reducciones.
Santa Fe fue declarado “puerto preciso”, lo que contribuyó a acelerar su crecimiento.
Una de las figuras más sobresalientes de esta etapa civilizadora y poblacional fue la de Hernandarias (hijo de Martín Suárez de Toledo y de María de Sanabria, nieto del Gran Mariscal de Castilla, que se distinguió en la guerra de Italia), a quien el Cabildo de Asunción designó Teniente de Gobernador y Justicia Mayor (13/VII/1592) y reeligió seis veces hasta su muerte (21/XII/1631).
Son célebres sus “Ordenanzas” en defensa del trabajo de los aborígenes. También descolló como ganadero, a juzgar por el Dr. Aranguren (8).
Según Gianello (9), los gobernadores que sobresalieron hasta el año X fueron, además de Juan de Garay, Francisco de Sierra, Alonso de Herrera y Velasco, Francisco Pascual de Echagüe y Andía (elegido el 15/XI/1691), su hijo Francisco Javier de Echagüe y Andía (1773), Francisco Antonio de Vera y Mujica, Melchor de Echagüe y Andía y Prudencio María de Gastañanduy.
Francisco Pascual de Echagüe y Andía obtuvo los mayores y mejores progresos. Fundó tres reducciones (o colonias): San Lorenzo con los mocoretaes, San Miguel de Calchines y San Bartolomé de los Chanaes. Obtuvo el concurso de los PP. Jesuitas a quienes les debemos la llamada civilización misionera-guaraní. En 1743, con la ayuda del P. Francisco Burgnés, organiza la mocoví de San Francisco Javier; con el P. Diego Horbegozo, la abipona de Arroyo del Rey (hoy Reconquista); con el P. Florián Paucke (1765), la mocoví de San Pedro (hoy San Javier); etc. (10). En nuestras tierras las encomiendas fueron escasas. Según Levene, el desarrollo de la ganadería constituyó la fuente del bienestar de entonces y el hecho económico y social que dio origen al Virreinato del Río de la Plata (11).
En la estancia colonial el pastoreo era relativamente nómade y arisco. Los rodeos se paraban en las rinconadas o sea donde se cruzaban dos arroyos.
La apertura de nuestros puertos comenzó con la tímida del primer Virrey del Río de la Plata, don Pedro de Ceballos, seguida por Vértiz, fragmentariamente culminada el 10/IV/1795, mientras aumentaban las ventas de mulas a Chile.
“Con el triunfo de los monopolistas de Cádiz -escribe un contemporáneo- el coloniaje abrió las puertas del infierno a la hacienda vacuna, el purgatorio al caballo y el paraíso a los burros… ¿Para qué fundar estancias y cuidar ganado, si se carecía del estímulo del comercio y máxime que la Pampa estaba llena de Hacienda para los contrabandistas?”
En vísperas de la emancipación se divulga la célebre “Representación de los Hacendados” de Mariano Moreno, que abogó en favor del comercio con Gran Bretaña dispuesto por Cisneros (30/IX/1809). El comercio libre era reclamado por Escalada, Castelli, Belgrano y otros. Gravitan “El Telégrafo Mercantil” de Cabello y Mesa y el “Semanario de Agricultura” de Hipólito Vieytes, según la opinión de Enrique Mario Mayochi en su libro “El periodismo en la Revolución de Mayo”.
Las consecuencias del establecimiento del comercio libre no pudieron ser más provechosas. En poco tiempo el déficit fiscal se transformó en superávit. También mejoró el valor de los cueros, (un millón y medio fue embarcado en menos de seis meses). Además aumentaron las exportaciones de otros productos: cueros curtidos, sebo, grasa, carne salada y lanas, ya consideradas en Europa.
Según Félix de Azara, en su “Memoria sobre el Estado Rural del Río de la Plata”, “estaban las Pampas de Buenos Aires desde esta ciudad al Río Negro… tan llenas de ganado cimarrón, que no cabiendo se extendía hacia las minas de Chile, Mendoza, Córdoba y Santa Fe. También es público y notorio, que… hasta pasados los años de 1780, había cuanto ganado alzado podían mantener los campos… El espacio ocupado en aquellos tiempos por los ganados, casi todos cimarrones, pasaba de 42.000 leguas cuadradas,… (donde pastaban) 48.000.000 cabezas de ganado”.
Vicente Fidel López, en su “Historia Argentina”, sostiene que “la campaña de Buenos Aires contenía millones de cabezas y yeguas”.
A fines del s. XVIII y principios del siguiente, descuella Francisco Antonio Candioti , el “Príncipe de los gauchos”, cuya personalidad fue descripta por los hermanos Robertson (12). Ellos inventariaron sus bienes. Fue el más rico de su tiempo en el Plata. Poseía 300 leguas cuadradas (o sea, 750.000 has.), 250.000 vacunos, 300.000 caballos y mulas y 500.000 duros en onzas de oro provenientes de sus ventas en el Perú, hacia donde partía sin descansos con sus prolongados arreos pues tenía fama de dormir sobre su montura. “Señor de estancias y haciendas, según Cutolo, logradas con su trabajo personal y constante sacrificio”, ayudó a Belgrano en 1810 cuando su campaña al Paraguay con 12 carretas, peones y 1.300 bovinos. El prócer lo define como un “patricio honradísimo”. Y añade: “me ha ofrecido todos los auxilios que pendan de sus facultades y además merece el concepto y respeto de este vecindario”. Fue el primer gobernador de Santa Fe (2/IV/1815). “El pueblo acogió su designación con un júbilo indescriptible”(l3). Mientras la invadía Viamonte, los indios asolaban Sunchales, Cululú, Cayastá, la costa de Añápiré, ambas del río Salado y los fuertes. Se robaron 70.000 vacunos además de yeguarizos, mulas, ovejas y las sementeras. Estas calamidades fueron una de las consecuencias negativas de la expulsión de los PP. Jesuitas. En 1820, por el Tratado de Benegas, Santa Fe recuperó unas 20.000 cabezas gracias a Rosas. 
El irlandés John Harratt (1817) observaba el poco cuidado que aquí le daban a las majadas. “Lana cabruda, cuerpo mal formado y delgado con poca disposición para engordar”. La primera tropa traída del Perú “tiene todas las señales de estar volviendo con toda prisa a un estado silvestre”.
El ingreso del primer plantel lanar de la raza Merino se debe a Thomas Lloyd, quien en 1813 lo ubicó en su estancia “Alto redondo”. Al cabo de pocos años, en 1824, el Gral. Manuel Pintos compró 100 merinos ingleses y poco después John Harratt, Peter Sheridan y Capdevila importaron 30 ovinos de la raza South-Down. El último le cedió su parte a Thomas Whitfield quien, con los anteriores, organizaron la cabaña “Los tres amigos”, más conocida por “Los Galpones”, ubicada en San Vicente a unas tres leguas de “La Caledonia” de John Miller. En 1828 “Los Galpones” aumentó su rodeo con 27 carneros de la cabaña “Alto Redondo” y fue en su tiempo el de mayor importancia. José Mario Rojas, Juan Pedro Aguirre y José Haedo le compraron al cabañero importador 400 cabezas a diez pesos fuertes cada una, que llevaron a una chacra cerca de Quilmes y luego a la estancia de “Salcedo”, cerca de Luján. El primitivo criador se trasladó con una pequeña majada a la estancia “Rincón de la Luna” en Corrientes.
John Hannah, que adquiriera a Santiago Lagosta “La Carmen”, cercó con espinillos e instaló los bretes y bañaderos para combatir la sarna. Fue uno de los primeros en plantar eucaliptos.
David Shennan introdujo las recientes máquinas de esquilar.
En 1825 Felipe Piñeyro importó tres padrillos y una yegua de tiro pesado de la raza Shire.
John Miller (entre 1823 y 1826) ingresó el primer Shorthorn llamado “Tarquin” para su estancia “La Caledonia” cerca de Cañuelas.. Del mencionado reproductor descienden los “Tarquinos”. Su predominio se extendió durante tres décadas hasta que otros estancieros lo imitaron.
En 1847 el gobernador Gral. Dr.Pascual de Echagüe lleva a cabo expediciones punitivas contra los aborígenes y con los Vilelas y Sinipíes acuerda una convivencia pacífica.
Según Roberto T. Alemann, desde 1840 hasta 1878 (primera exportación de trigo realizada a Inglaterra por Carlos Casado del Alisal) y sobre todo con la Constitución del 53/60 -la tercera escrita más antigua del mundo después de la de Estados Unidos de 1787 y de la Confederación Helvética de 1848-, y hasta la culminación de la Campaña del Desierto (1879) nuestra historia económica exhibe sus primeros cambios cualitativos relativamente modestos pese a los importantes movimientos inmigratorios , a la multiplicción de las colonias (en la mayoría organizadas y promovidas por la iniciativa privada, entre las cuales sobresalen las catorce santafesinas), la expansión del ferrocarril (en 1863 se construyó el que une Rosario con Córdoba), el uso del molino de viento, la plantación masiva de eucaliptos, la instalación de los alambrados (el primero fue el de Ricardo Newton), el empleo del arado de asiento, la importación de reproductores, la constitución de la Sociedad Rural Argentina -en 1866, cuando los indios, después de ocupar San Rafael y Rio Cuarto, llegaron hasta las puertas de Rosario, cuando Felipe Varela usurpaba el gobierno de Salta y Mitre perdía 10.000 hombres en Curupaytí- y la fundación de otras Sociedades Rurales promovidas por aquélla, etc. (15) 
Desde entonces comienzan a fabricarse las primeras cosechadoras en la Colonia San Carlos y se instalan los primeros molinos a viento. Proliferan los tanques australianos. Se intensifica la entrada de reproductores británicos. Entre el 80 y el 90 ingresaron centenares de toros de pedigrí, sobre todo de la raza Shorthorn. Entre el 80 y 1907 fueron importados 16.150 reproductores. En 1870 la Sociedad Rural Argentina organiza la primera exposición agropecuaria que se lleva a cabo en Córdoba y en 1875 la que se realizó en Buenos Aires en el predio de calle Florida y Paraguay.
En 1870 teníamos 732 km. de vías férreas. Cuatro décadas mas tarde dispusimos de 33.478 km. para transportar 43 millones de tn.
En 1876 arribó el barco “Le Frigorifique” con carne congelada según el procedimiento del Ing. Charles Tellier y seis años más tarde Eugenio Terrasón construía el primer frigorífico de nuestro país sobre el Paraná.
En 1887 el tasajo representaba el 48% del valor de nuestras exportaciones cárnicas, los vacunos en pié el 28% y las carnes congeladas el 28%.
Un año después 57 criadores tenían registrados 1.550 animales de pura sangre. Las hectáreas alfalfadas eran 390.000.
En 1889 la Sociedad Rural Argentina por primera vez exporta a Inglaterra animales en pie, envíos que a partir de entonces y sobre todo desde 1894 se intensifican pues por razones de distancia y de precios competíamos ventajosamente con los animales de Canadá, Estados Unidos y Australia.
En 1893 la Sociedad Rural Argentina crea los registros genealógicos para cada raza y adquiere los que ya existían. Dos años más tarde la superficie alfalfada llegaba a 713.000 hs.
La crisis lanera francesa ocurrida en 1900, sumada a las adversas contingencias climáticas provocaron una declinación del consumo de carne ovina. Paralelamente Inglaterra aprovechó un brote de fiebre aftosa -cuyo origen fue británico- para cerrar el ingreso de nuestros animales en pie. A partir de entonces comienza el protagonismo de los frigoríficos Sansinena, The River Plate y Las Palmas que arriendan la planta del Terrasón -única de capital argentino-, para mantenerla cerrada. La Sociedad Rural Argentina aboga por la construcción de un frigorífico nacional para defender el precio de nuestra hacienda, que se cotizaba a menos del 50% de las producidas en Oceanía (“Anales”, t. XXXVI, 1902). Los frigoríficos norteamericanos introducen el sistema del “chilled beef” o carne enfriada y comienza la primera guerra de las carnes.
En 1895 teníamos 21.700.000 vacunos. Trece años después contabilizábamos 29.117.000 cabezas. La provincia de Buenos Aires disponía del 35% del stock nacional y la mayor mestización. El tasajo sólo representaba el 4% de nuestros excedentes.
Las compras de rollos de alambres registradas desde 1876 hasta 1907 ascendieron a 70.000.000 de pesos oro.
El vertiginoso crecimiento de la siembra de trigo y de maíz fue el resultado del “sistema de mediero” imaginado para incrementar las áreas alfalfadas. Juan L. Tenembaum anota que en la década que corrió desde 1894/5 la superficie sembrada con alfa aumentó un 251%, la de lino 179% y la de trigo 139%.
El tambo comenzó a expandirse a principios de este siglo. En 1898 ya se habían constituidos varias cooperativas en la provincia de Buenos Aires, con unos cientos de tamberos. El tema lo traté “in extenso” en un trabajo que realizara en 1967, titulado “Perspectivas de la industria lechera”, que me premió el Primer Congreso Provincial de Lechería” e hizo publicar la Sociedad Rural de Santa Fe. A dicho libro me remito. La “Asociación Judía de Colonización” contribuyó de manera preeminente al desarrollo de esta actividad.
En la década de los 80 los inmigrantes-arrendatarios no se dejaron seducir por los bajos precios de la tierra y pocos fueron los que se transformaron en propietarios.
En 1900 el producto pro cápita en nuestro país era dos veces superior al de Japón, mayor al de Finlandia y Noruega, casi igual a los de Italia, Austria y Alemania, superior a los de Canadá, Bélgica, Holanda y un poco inferior al de Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, según Waisman citado por Harrison (16). 
El 25 de junio de 1912 se lleva a cabo el llamado “Grito de Alcorta”, en la localidad del mismo nombre ubicada en el sur santafesino, donde se reunieron chacareros (arrendatarios y aparceros) provenientes de esta provincia y de le de Córdoba para protestar contra las condiciones contractuales estipuladas con los propietarios y disponer la primer huelga que aconteció en el sector. Dos meses más tarde, se constituye la Federación Agraria Argentina, que es la organización gremial que los representa.
En 1914 el Censo Nacional registró 189.271 explotaciones que ocupaban 67,242 millones de hectáreas., o sea, casi toda nuestra superficie aprovechable.
Entre 1900 y 1929 cosechamos los frutos del progreso alcanzado en los transportes y en las comunicaciones y se acentuó la interdependencia entre las naciones sobre la base de la división internacional del trabajo. La expansión de la economía mundial estribaba en subrayados movimientos de capitales, flujos migratorios y una multiplicación del comercio. Nuestro PBI creció a razón de una tasa anual acumulativa del 4,7% y el ingreso per cápita fue del 1,21% anual. La inversión aumentó a razón de un promedio anual del 5,11%, lo que representó el 32,54% del PBI. La balanza comercial se encontraba equilibrada y en expansión El grado de apertura económica era aproximadamente del 24% (relación porcentual entre el promedio de la suma de exportaciones e importaciones y el PBI). El gasto del sector público fue inferior al 5% del producto y el intervencionismo era soportable. En general, el mercado asignaba los recursos. El consumo se desenvolvía a una tasa del 4,58% anual, lo que implicaba un señalado incremento del mercado interno.
Nuestro sector representaba el 28,4% del producto y casi el 100% de nuestras exportaciones. Las inversiones eran significativas, sobre todo en infraestructura. En 1926 exportamos 657.400 toneladas de carnes bovinas y al año siguiente 703.000, según Pablo Kulacs.
La crisis del 29 afectó el crecimiento de las inversiones y el sistema multilateral de pagos y de comercio. Con ella comienza el proteccionismo. No obstante entre 1925-29 exportamos 3.016,900 tn. de carnes bovinas y 400.405 tn. de ovinas.
Según Posse (17), las estadísticas de 1930 nos ubicaban como potencia económica y financiera en el séptimo lugar del mundo. Nos habíamos transformado en un pueblo inesperadamente interesante. 
La mayoría de los protagonistas de la actividad agropecuaria, incluidos los grandes estancieros y los principales cabañeros, no procede de la colonia, ni de la gente que tuvo una actuación relevante después de 1810. El conjunto más sobresaliente, como los fundadores de la Sociedad Rural Argentina, vino del exterior sin recursos y a fuerza de sacrificios y talentos prácticos logró acumular patrimonios importantes e indirectamente enriquecer a nuestro país. A título de ejemplo recordaré a Casado del Alisal, Amadeo, Santamarina, Mihanovich, Casey, Estanguet, Stegmann, Temperley, Martínez de Hoz, Alvear, etc., que sobresalen sobre todo a partir del 80. 
En 1932 nuestro país cosechó 5.900.000 tn. de trigo sobre un total americano de 39.740.000 tn (o sea, el 14,84%). En el resto del mundo Europa producía 68,1 millones, Asia l5,4, Africa 3,726 y Oceanía 4,808. En lino obtuvimos 2.100.000 tn. sobre un total americano de 20,570 (o sea, el 10,20%). Europa registró 906.500 tn (el 43,36% menos que el nuestro). Asia logró 391.200 tn. ( -82%), Africa 21.350 y Oceanía 3.167 tn. Nada. Y en maíz totalizamos 6.915.000 tn. sobre 85,295 tn. de toda América (o sea, el 8,10%). Europa 20,228 millones, Asia 7,543, Africa 5,203 y Oceanía 216.900 tn.
A partir de la crisis y como consecuencia del creciente intervencionismo estatal empezaron a desvincularse los precios relativos de importación y exportación domésticos de los externos, lo cual supuso transferencias cada vez más acentuadas del sector primario a los restantes; es decir, del segmento más eficiente a los menos competitivos. Para mantener la capacidad adquisitiva de los salarios era menester abaratar los alimentos, lo que produjo una significativa descapitalización del campo y un marginamiento cada vez mayor de los adelantos tecnológicos registrados en el primer mundo (sobre todo en maquinarias y equipos, fertilizantes, ingeniería genética, riego, agroquímicos, etc.) .
A raíz de los convenios de Ottawa (que conocimos en octubre de 1932) Inglaterra se aleja del librecambismo. Acuerda con sus Dominios particulares preferencias (a través de aranceles y cuotas, que no alcanzaron a nuestras carnes enfriadas por razones de distancia y tiempo). El sistema empezó a regir desde el 1 de enero del 33. Las restricciones mayores afectaron a las carnes congeladas. Con tal motivo el gobierno de Justo envió una misión a Londres que formalizó el llamado pacto Roca-Runciman (1/V/33), sobre la base del tratado de amistad, comercio y navegación celebrado el 2/II/1825 (gracias a la misión del Gral Alvear). Inglaterra se comprometió a no reducir las importaciones de carnes vacunas enfriadas en más de un 10% a menos que las procedentes de la comunidad británica también se apocaran. Se estableció una progresiva eliminación de los derechos arancelarios. El 85% del cupo quedó en manos de los frigoríficos y el l5% en las del gobierno o de los ganaderos (como los frigoríficos Gualaguaychú y Grondona), que dejaba un espacio para el próximo futuro de la CAP (18). Recordemos que el Reino Unido era el principal adquirente de nuestras ventas externas. El pacto argentino-británico, a pesar de sus defectos, salvó a la ganadería nacional. Fue técnicamente reemplazado en 1936 por el convenio Malbrán-Eden, que de acuerdo con el juicio de Daniel Drosdoff, mantuvo la mayoría de las cláusulas del pacto de 1933. Resultó sucesivamente prorrogado hasta 1948 (fecha en que se suscribe el pacto Los Andes) y la política del bilateralismo que aquellos acuerdos reforzaron se prolongó hasta 1955, pese a las críticas de Scalabrini Ortiz, Rodolfo Puiggrós y los Irazusta.
La crisis del 30 generó una serie de mutaciones radicales que oscilaron desde la escala de los valores aceptados por las sociedades civilizadas hasta las concepciones políticas y económicas. En el sector agropecuario influyó con singular severidad, particularmente en los precios de sus principales productos – que descendieron casi a la mitad – y en sus correlativos endeudamientos.
En 1934/35 los precios granarios mejoraron como consecuencia del estiaje que perjudicó las cosechas norteamericanas y canadienses. Nuestras exportaciones de trigo ocuparon el primer lugar del mundo.
Entre 1930 y 1960 predominan las concepciones keynesianas. Se forman bloques, se multiplican los acuerdos bilaterales, se abandona el patrón oro, se devalúan las monedas, comienza el control de cambios, se elevan y discriminan las tarifas aduaneras, se establecen cuotas de importación. Nosotros empezamos a querer sustituir las importaciones industriales y pretendimos crecer hacia adentro. Se funda el Banco Central (ley 12.155) y el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias (ley 12.157). Se nacionalizan los depósitos, los servicios públicos (ferrocarriles, teléfonos, gas, flota fluvial, usinas eléctricas, etc.). El Estado avanzó cada vez más sobre la actividad privada y de manera arbitraria asignó recursos con el control de precios relativos. Se multiplican las Juntas reguladoras de carnes, granos, algodón, azúcar, lana, leche, vinos, yerba, etc. Luego se constituye el tristemente célebre IAPI, que estatiza el comercio exterior, monopoliza toda el tráfico granario y permite la generación de enormes e ilícitas ganancias personales en desmedro de los productores. Se crea la CGE, que goza de las prebendas del régimen partidario gobernante.
En 1947 entra en vigencia el Primer Plan Quinquenal. “En él resulta claro que los sectores productores y comercializadores soportan el mayor peso del cambio que se opera desde entonces en la economía argentina”. Se advierte un creciente proceso de desinversión y de pérdida de fertilidad.
Los campos se fraccionan cada vez más. En 1944 se suscribieron los acuerdos de Bretton Woods, que dieron origen al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional para la Reconstrucción y Fomento, hoy llamado Banco Mundial. Dos años después, en Ginebra, se formaliza el Acuerdo General sobre Aranceles y Fomento (GATT) para retornar a la multilateralidad, a la no-discriminación, a la rebaja de aranceles, a la eliminación de barreras; en fin, a la liberación del comercio internacional.
Entre el 50 y el 60 las exportaciones mundiales en dólares constantes aumentaron diez veces mientras que las nuestras se estancaron y relativa y proporcionalmente retrocedieron.
En 1939 y sobre todo a partir de la revolución del 43 el campo subsidió a la aventura industrial y el proceso de sustitución de importaciones. También soportó la inflación de pos demás sectores. Una ley de emergencia – que rigió durante 25 años – redujo el importe de los arrendamientos, suspendió los desalojos y prorrogó sus plazos. En 1945 la superficie sembrada (26.186.000 hs.) se redujo en más de un 10%.
Al cabo de la segunda guerra nuestro país se divorció de las modernas tendencias económicas. Eligió ensimismarse, enajenarse. La tasa de avance, el movimiento poblacional y el ingreso per cápita resultaron inferiores al período anterior. Lo mismo ocurrió con la inversión bruta y el PBI. El consumo declinó a una tasa negativa del 3,3% anual. El gasto público se eleva al 15% del producto y el déficit fiscal gravitó sobre el comportamiento inflacionario de los precios.
Según el Censo de 1947 nuestro país disponía de 4l,268 millones de bovinos, 51,172 de lanares, 7,2 millones de equinos y casi 3 de porcinos, que divididos por el número de nuestros habitantes todavía arrojaba uno de los porcentajes individuales más altos del mundo.
En 1949 el Banco de la Nación Argentina comienza el otorgamiento de créditos al I.A.P.I (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) para la compra de automotores y herramientas agrícolas (Circ. 905 B) y de inmuebles rurales (Circ. 938) para arrendatarios. Entre 1946 y 1951 concede préstamos de “fomento” mientras que por el otro lado el gobierno le substrajo al sector un porcentaje desmesurado de sus ingresos mediante el manipuleo de los tipos de cambio, los impuestos a las exportaciones y el manejo del comercio exterior (19).
En 1950 nuestro país todavía conservaba su ventaja frente al Japón y estaba más o menos cerca de Italia, Austria y Alemania. Pero nuestro ingreso per capita era apenas un tercio del de Estados Unidos y la mitad de Suiza, Canadá, Australia y Gran Bretaña. Y comparativamente continuamos en baja pues en 1987 nuestra entrada por persona sólo fue un tercio del ingreso promedio de los países desarrollados y una cuarta parte del yanqui.
En el 55 habíamos agotado nuestras reservas, dilapidado nuestras acreencias acumuladas durante la guerra, malversado el ahorro, estancado la expansión del sector. Mucha gente dejó el campo para hacinarse promiscuamente en las nacientes y sórdidas villas marginales. El dominio inmobiliario rural cambió de manos. Muchas cabañas desaparecieron. El productor tradicional fue relegado por afortunados comerciantes o noveles industriales. El tamaño de las explotaciones se distancia paulatinamente de la renovada maquinaria agrícola. Los nuevos factores alteraron la vieja ecuación productiva. El llamado Plan Ibarbia (Decretos 2187 y 2188 del 57) y la ley Raggio (17.253) terminaron con el régimen de emergencia y con las prórrogas de los arrendamientos. Quedaron atrás miles de propietarios despojados por razones de apariencia social pero sobre todo por mezquinos resentimientos. Exportamos fertilidad y avanzó la lepra telúrica, la desertificación.
En aquellos años nuestras exportaciones de carnes a Gran Bretaña descendían mientras que en proporción inversa crecían nuestras ventas a la Comunidad Económica Europea. En 1969/70 desde Europa envié varias notas que publicaron “La Nación” y “El Litoral” sobre la conveniencia de insertarnos en aquel promisorio mercado. Nuestra balanza comercial nos era manifiestamente favorable con Europa mientras lo contrario ocurría con USA. Poco después las circunstancias empezaron a cambiar mientras continuaba mi prédica en el desierto. El Mercado Común comenzó con sus trabas aduaneras a entorpecer el ingreso de nuestros productos (prelievos y recargos arancelarios). Reynal O’Connor, entonces presidente de la Junta Nacional de Carnes, realizó exitosas gestiones en Italia y en España para obviar los escollos aduaneros.
Según FIEL (“Indicadores”, Nº 381 de agosto 1998, p. 3), “La Argentina de los 70 y los 80 se caracterizó por un enorme desorden monetario y fiscal”
A fines del 83 nuestro sistema económico estaba exhausto y se encontraba hundido en sí mismo y distanciado de los mercados externos, con cambios diferenciales y castigos a nuestras exportaciones, con cuyas rapiñas se sufragaban el gasto público y el consumo interno. El intervencionismo estatal, las regulaciones, los controles de precios, la presión tributaria progresiva, la inflación, el descontrolado emisionismo monetario, el déficit fiscal y cuasi-fiscal y la carencia de crédito interno y externo primero nos empobrecieron y luego nos asfixiaron. El único mercado que funcionaba era el “morocho” propio de la eufemísticamente llamada economía “informal”. Durante el quinquenio 1983/1988 el PBI per cápita disminuyó un 2,71%. En el 84 la inflación fue de 625,7% anual (medida por el comportamiento de los precios mayoristas -IPM-) y en junio del 85 llegó al 42,3% mensual. El tipo de cambio que recibimos por las ventas externas de nuestros principales excedentes (trigo, maíz, soja, pellets y aceite de soja, aceite de girasol, carnes, lana sucia y lavada) menguó nuestros ingresos. Las transferencias de nuestro sector a terceros fueron de 24.400 millones de australes por año (19.600 para el erario público y 4.800 para subsidiar al mercado interno). La rapacidad total del quinquenio fue equivalente a 2,1 cosechas de maíz, 1,7 de trigo, 5,5 millones de novillos (o sea, el 46% de la faena total) o 2 años y 7 meses de la producción de leche. Dichos escamoteos afectaron gravemente al campo porque dicho sector es tomador de precios -que no puede fijarlos- y porque le alteraron su relación insumo-producto. 
“A mediados de 1989, sostiene Roberto T. Alemann, la Argentina no tenía destino. Su déficit público era alucinante, la emisión monetaria desbordaba, la indexación transmitía al minuto los impulsos inflacionarios, la economía se cerraba sobre si misma, la fuga de los ahorros al exterior gracias a los arbolitos implantados en cada barrio y en cada pueblo y al efecto del doble tipo de cambio alcanzaba ribetes alucinantes, las inversiones decaían, la infraestructura ni se mantenía y menos se ampliaba, la deuda pública interna y externa no se pagaba, el país carecía de crédito en el exterior y el crédito bancario nacional lo absorbían el gobierno y sus insaciables empresas públicas, donde anidaba una corrupción cuyo tamaño sólo se descubrió tras sus privatizaciones. La Argentina era, en suma, un país inviable según todos los indicadores”. El fatal estatismo – como lo calificara Pinedo – generó industrias artificiales, empleos artificiales, dinero artificial (20). Durante el gobierno de Alfonsin-Sourrouillle la inflación alcanzó el máximo histórico registrado en la Argentina para llegar al 3.194,6%. En 1969, durante la administración Onganía-Krieger Vasena fue de 7,6%. En 1994 se redujo al 3,5%, inferior a la de los EE.UU. 
La crisis cambiaria, bursátil y financiera de los países asiáticos, si bien indujo cambios en el comportamiento de los agregados monetarios y tasas de interés, demostró los beneficios del fortalecimiento de nuestro sistema crediticio a partir de la experiencia “tequila”. En 1997 la inversión creció el 27% y la monetización otro tanto (27,7%) con $ 82.353 millones (un 50% superior a 1995. Según FIEL, la economía argentina se encontraba en buenas condiciones para soportar la crisis. Con el sistema financiero estable y los números fiscales débiles, estábamos en mejores condiciones que otros países emergentes. La ley de Convertibilidad, con su rigidez, había impuesto una regla ordenada. La consistencia facilitó el desarrollo de mercados de capitales y financieros que funcionaron mejor que en el pasado.
En el sector agropecuario se observa desde 1991 un profundo cambio debido a la modificación de los precios relativos, como lo admitió Crotto en las Sextas Jornadas de ABRA (21). Como consecuencia del enfrentamiento comercial entre USA y la Unión Europea los precios de los “commodities” fueron bajos en términos históricos. El cambio tecnológico y la capacitación gerencial contribuyeron a sortear estos obstáculos. Se encuentra pendiente un financiamiento adecuado, todavía inaccesible para los productores. Sin duda este es el lado negativo de la coyuntura. Se estima que el endeudamiento del sector ronda los 6.000 millones de pesos (o sea, un 30% del valor de su producto, que se calcula en 20 mil millones y el 14,5% del valor de la tierra. Los intereses devengados oscilarían alrededor del 9% de la producción. No obstante el problema es solucionable en la medida que se mantenga la tendencia a la baja de los intereses y se reduzca el “spread” entre las tasas pasivas y activas. Para mejorar la actual situación habría que emplear más los mercados de futuro a fin de aminorar los riesgos generados por la modificación de los precios. Los bancos deberán ajustarse a nuestro tiempo.
Desde 1991 hasta 1997 el área sembrada con granos creció un 30% (26 millones de hs.), la producción agrícola aumentó desde 39,2 hasta 66,3 millones de tn., la producción de leche ascendió desde 6.400 hasta 9.165 millones de litros, la de yerba mate se incrementó en un 258% (desde 12.022 hasta 43.000 tn.), la de frutas registró una diferencia positiva del 21%, la de hortalizas + 45%, la de carne de aves un + 116%, la de carne porcina un + 3%. También en el rubro inversiones-ventas se verificaron abultados acrecimientos: en tractores 118%, en cosechadoras 98%, en equipos de riego 293%, en fertilizantes 530%, en herbicidas 231%, en insecticidas 175% y en fungicidas 116%.
En 1998, según FIEL, la producción ganadera evolucionó hacia una etapa de retención, después de soportar su desplazamiento por la agricultura. Las existencias ganaderas al 30/VI/97 rondaban los 50 millones de cabezas (3,2 millones menos que en 1994). El precio promedio de exportación fue rentable (U$S. 1.950 por tn.). A partir de 1996 (año que exportamos 470 mil tn.) el valor se encogió entre un 5 y un 10%. 
El área sembrada 97/98 fue ligeramente menor a la del período precedente, que estableció una verdadera proeza de laboreo. Las oleaginosas en general y la soja en particular fueron muy sensibles a los cambios de los precios relativos. Por su parte, los rendimientos unitarios fueron excelentes y superaron las marcas históricas. Las exportaciones del complejo agrícola-aceitero – pese a la caída de los precios internacionales – fueron muy buenas y se calculan en U$S. 8.600 millones. 
Las perspectivas halagüeñas que advierto en el mediano y largo plazo estriban en que
1) La aftosa fue erradicada. Hace meses que no se registra ningún foco en todo nuestro territorio. Por otra parte los criterios sanitarios, aún en las administraciones más exigentes, tienden a liberalizarse. Por eso obtuvimos la aprobación de Washington, que nos adjudicó una cuota anual de 20.000 ton. de carnes frescas. Es probable que al mercado de USA le sigan las demandas canadienses y las mexicanas. Las avenencias sanitarias de la Ronda Uruguay del GATT mejoraron nuestras condiciones vendedoras. El Acuerdo determinó que la Oficina Internacional de Epizootias aceptara la validez del status ‘Zona libre de Fiebre Aftosa con vacunación’ en reemplazo del criterio anterior de ‘país libre’, con lo que la Argentina dio un importante paso para ganar nuevos mercados para sus carnes (22). A partir de entonces se nos abrieron las puertas de muchos mercados, con poca tierra y con población y capacidad adquisitiva crecientes. Exportamos a Chile y a la Unión Europea. La firma de tratados con países del Este Asiático se añade a lo expresado anteriormente.
Nuestro país recibió doce visitas de representantes de gobiernos extranjeros para examinar el estado sanitario de nuestros rodeos bovinos, con asientos promisorios.
“Los resultados de este esfuerzo internacional, sin embargo sólo se reflejarán parcialmente en el corto plazo debido no sólo a los determinantes de la oferta interna ya mencionados (aumento del precio del novillo, etc.) sino también a factores de demanda” (23), de requerimientos menguados.
2) El Mercosur, que comenzó a regir el 1 de enero de 1995, constituye el 25% del escenario económico del planeta y por eso ya es considerado el cuarto mercado potencial. En 1994 le vendimos a Brasil por 3.654 millones de dólares, lo que representaba el 23% de nuestros excedentes y a la Unión Europea el 24,6%. En 1996 le exportamos a nuestros socios por 6.605,1 millones de U$S, suma que representa el 28% de nuestras ventas externas (y a la Unión Europea el 19%). 
En el norte de nuestro país, según Iriarte, las exportaciones de animales en pie al Brasil y a Paraguay levantaron sus precios e impulsaron a los frigoríficos exportadores a desplazarse hacia el sur, donde compiten con otras plantas que, a su vez, se ven obligadas a realizar sus compras en otras zonas. “Este efecto ‘dominó’ se siente hasta el centro-sur de Santa Fe” (24). En 1997 exportamos al Brasil 30.000 tn. de carne vacuna.
3) La Rueda Uruguay del Gatt, donde se lograron tres innovaciones satisfactorias: el acuerdo sanitario multilateral que flexibiliza las normas imperantes en los países compradores (en particular el embargo norteamericano dispuesto en 1927), una mejoría en la política importadora y un incremento del tonelaje de carnes frescas deshuesadas (equivalentes a 30.000 medidas en peso de res) que USA nos asignó con el Uruguay, con un arancel del 4%, con la probabilidad de acceder a las 64.000 de “otros países” y a la reducción de las cuotas asignadas a Australia y Nueva Zelanda en la hipótesis de que no fuesen satisfechas (25). El Secretario de Agricultura de EE.UU., Dan Glickman, en la última reunión de la OPIC en Denver, empleó un tono aperturista y prometió gestionar ante los demás países la reducción de sus trabas paraarancelarias. El embajador neocelandés, durante el mismo Congreso, informó acerca de la eliminación total de los subsidios, que favoreció la competencia, la inversión y la productividad del sector.
Alieto A. Guadagni (26) afirma que “no habrá recursos para subsidiar a pocos y declinantes agricultores cuyo poder político será superado por los cada vez mayores contingentes de ancianos… El nuevo escenario internacional agropecuario se caracterizará por los mercados dinámicos y la menor oferta de los PI (países industrializados) debidos a la reducción de sus subsidios”. 
4) La nueva política agropecuaria de la Unión Europea y los cambios acontecidos en ella. A partir de 1992 los ministros de la Unión Europea acordaron reformar la Política Agraria de la Comunidad (PAC) con tres objetivos fundamentales: a) promover la forestación pues el promedio de pérdidas de los bosques es del 17,7% (en España llega al 20%); b) anticipar las jubilaciones de agricultores y ganaderos; y c) fomentar solamente los cultivos más conservacionistas del medio ambiente. El área sembrada aminoró, se liquidaron las reservas de lácteos y de carnes, disminuyó la oferta de productos primarios y los excedentes europeos dejaron de competir con los nuestros. La cuota Hilton (los cinco mejores cortes de los cuartos traseros -rump and loin- bovinos), libre de prelievos, fue ampliada. Ignacio Iriarte sostiene que con novillos de 400-420 kg. de buena conformación pueden obtenerse los cortes Hilton con el peso mínimo exigido. Y añade que “si en el futuro crecen las exportaciones, es previsible que la industria deba faenar novillos más livianos para (poder) cumplir”. Muchos mercados, particularmente el alemán, demandan cortes de mayor tamaño, que sólo se obtienen de razas continentales o británicas pesadas (27). Franz Fisher, Comisionado agrícola de la Unión Europea, moderó su anterior criterio proteccionista. El Ministro de Agricultura de Canadá anunció que su país eliminará los subsidios a las exportaciones de granos y aceites y los correspondientes a la Western Transportation Act. Lo que importa tener en cuenta es que la U.E. prácticamente ya dejó de ser un oferente de carne subsidiada en el mercado internacional. 
Hace pocos años el director de la Banca d’Italia, Carlo Azeglio Ciampi, había advertido que si su país no practicaba drásticos recortes a su presupuesto fiscal le sería imposible alcanzar el standard mínimo para la unión monetaria europea concertada en Maastricht. (En esos momentos el déficit presupuestario italiano era casi el 10% de su PBI y su deuda pública equivalía a un año de sus ingresos. (Cfr. “La Nación”, Bs.As., 5/VI/92, Iglesias, Graciela, “CEE: Aquí no pasó nada”). 
5) La demanda japonesa. Según los estudios realizados por la Fundación Okita (28), el consumo de carne bovina en el Japón crecerá en el próximo quinquenio a casi el doble, demanda que representa un adicional de 720.000 tn. Jiro Shiwaku, presidente de la LIPC, reconoció en Denver que ellos importarán mayores volúmenes y en privado le confesó a nuestro Arturo Llavallol que estaba en contra de los proteccionismos. En la actualidad Japón ya es el mayor importador de carnes vacunas en valor y el principal en todas las carnes
6) El Sudeste asiático y China. Como Los mercados del Pacífico son en la actualidad más importantes que los del Atlántico. Indonesia, Filipinas, Tailandia, Malasia, Singapur, Corea, Taiwan, Japón y China representan el 30% del PBI y el 31% de la población mundiales. Venden por 950.000 millones de dólares y compran por 870.000. Sólo Taiwan exportó en 1994 por 98.000 millones de U$S.
Por otra parte la demanda china de trigo aumentará paulatinamente por el crecimiento de su población aunque la tasa media de natalidad haya disminuido. Se estima que su población sobrepasa holgadamente los 1.200 millones de habitantes (el 21% del mundo), a lo cual hay que sumar el crecimiento económico que se refleja en el incremento de los ingresos per capita. El aumento de su PBI subió del 3,8% de 1990 al 13,7% de 1993. Hay que añadir las mudanzas de los hábitos alimentarios: acreció el consumo de aceites vegetales y grasas de 8,2 kg. en 1991 a 10,5 kg en 1995.
Hace 28 años se fundó la hasta ahora poca conocida Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) que integran Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunei y Vietnam, que fue la última en incorporarse. Entre todos reúnen 420.000.000 de habitantes y resolvieron fijar un área de libre comercio, que regirá al cabo de una reducción de sus tarifas.
“En Denver, EE.UU., sostiene Alberto de las Carreras (29), quedó de relieve que Asia es hoy la región más importante como demandante y quienes quieran competir en el mundo deberán hacerlo con un producto cada vez más cuidado en los aspectos sanitarios y de marketing”.
Para nuestro país ya se abrieron Filipinas, Malasia, Tailandia, Hong Kong y Singapur y hay negociaciones con Corea, Taiwan y Japón. Se estima que en el decenio próximo habrá un consumo que elevará la demanda de importación a poco menos de 2 millones de toneladas del producto si se incluye a China y a sólo de 1,2 millón si a ésta se la deja de lado. Nuestro país podría participar con un 15 a un 20% de dicho abastecimiento, lo que importaría una adición exportable de unas 200.000 tn. anuales. Al referido volumen hay que añadir los mejores precios que se obtienen por los cortes frescos de calidad (Cfr. “La Nación”, Bs. As. 7 de enero de 1966, Secc. 2, p. 10) 7) La evolución de la demanda y de la oferta mundiales. La futura producción y distribución de alimentos es uno de las mayores interrogantes que deberá develar el mundo. Se aprecia que en los próximos cincuenta años la población crecerá más que los alimentos y las fibras necesarias para mantenerse y vestirse. Esto supone un aumento de los volúmenes sin mengua de la fertilidad edáfica. En los últimos diez años la población registra un crecimiento mayor que la producción agropecuaria. La “revolución verde” (o sea, el uso de variedades mejoradas de elevado rendimiento, de fertilizantes y agroquímicos) degradó los suelos y no mejoró los costos. El exceso de cultivos redujo nutrientes y materia orgánica y contaminó las napas freáticas mientras que los abonos nitrogenados también deterioran la atmósfera. Los problemas se complican con el empleo de maquinaria cada vez más pesada que compacta la tierra, reduce su filtración, acentúa los efectos de las inundaciones y prolonga las sequías. La reducción de las labranzas importa el incremento de la materia orgánica y la permeabilidad del suelo. Se impone la llamada agroecología según el criterio de Solbring (30), profesor de Biología de la Universidad de Harvard, que trata de eliminar o por lo menos disminuir el uso de insumos químicos y propone cultivos mixtos en franjas. Estas circunstancias mundiales nos favorecerán frente a nuestros competidores. En igual sentido se manifestó el Comisionado Europeo Franz Fischler respecto del uso de los anabólicos tóxicos.
Conforme con un reciente informe de Naciones Unidas, la población del planeta se duplicará en las próximas cinco décadas. Preocupa el ritmo del crecimiento demográfico en el hemisferio sur. Si los cálculos fueran acertados los recursos disponibles no alcanzarían para alimentar y vestir a mucha gente. 
“A la hora de hablar de carne no hay discusión posible: (Vierheller afirma que) tenemos la mejor carne del mundo”. Por eso Ezequiel Martínez Estrada opinaba que a la vaca “deberíamos adorarla como los hindúes o los egipcios, pues de ella dimanan nuestros bienes y nuestros males”.
Además debemos computar que el precio de los commodities no energéticos subió un 3,3% en 1994 y se estima que continuará dicha tendencia. 
En nuestros días los productos oleosos engendran más divisas que las carnes, los cereales, los combustibles o cualquier otro excedente. Un solo producto oleaginoso – la harina de soja – representa un 7% del total de nuestras exportaciones. Por eso se aseguró que la harina de soja es el ‘producto’ mientras que el aceite es el ‘subproducto’. Las perspectivas no pueden ser mejores. El mercado mundial seguirá creciendo y también lo hará la producción argentina. 
Cabe recordar que nuestro país es líder mundial en exportaciones de soja y girasol, cuyas ventas externas alcanzan al 95% de la producción. Los aceites se venden a 66 países (predominantemente a Africa, Asia y, en los últimos tiempos, al sudeste asiático). Las harinas proteicas se venden en 34 países (principalmente europeos) . El mercado mundial de oleaginosas se expande a razón de un 3% anual. Es importante recalcar que las oleaginosas argentinas compiten sin proteccionismo de ninguna índole contra las de otros países cuyas industrias se encuentran privilegiadas. “El mercado mundial crecerá de manera sostenida.” (Cfr. “La Nación”, Bs. As., 6/En./96, Secc. 5ta., p. 68).
Por otra parte es oportuno tener en cuenta que, de acuerdo con las proyecciones disponibles y por las cada vez más rígidas exigencias ecológicas, nuestros excedentes agropecuarios ocuparán los espacios vacíos que sólo Uruguay, Australia, Nueva Zelanda y eventualmente Estados Unidos podrán abastecer. Los llamados productos “verdes” u “orgánicos” incontaminados tienen seguras perspectivas. Hemos vuelto a Israel, Perú y Hon-kong.
Nuestro futuro es promisorio. Las recientes menguas registradas en el valor de los granos y el aumento de la carne favorecen el engorde a corral. La demanda externa elevará los precios frente a una oferta poco elástica y estacional. Si logramos sortear la coyuntura estimo que el mercado nos devolverá mañana lo que nos quitaron los responsables de una Argentina autista y encapsulada, los teóricos keynesianos, los cepalistas, los resentidos de siempre, los entenados del estado nodriza, los populistas y los demagogos, los alienados que en definitiva nos divorciaron del mundo al cual ingresamos del golpe en 1880 – al dejar la “gran aldea”, colgar el chiripá, vestirnos de frac y descubrir a los “impresionistas” cuando París los ignoraba -.
Alguien sostuvo que la esperanza es lo que muchos anhelan y algunos consiguen. No concuerdo con Montaigne en que la suerte de unos cause el perjuicio de otros. Es un aserto envejecido y mercantilista. Coincido una vez más con Chesterton en que el optimismo consiste en estimar que todo mejora menos el pesimismo.
Confiemos en la aurora, que nos aguarda para alumbrarnos a la vuelta de la esquina.

Notas

(1) Gianello, Leoncio, “Historia de Santa Fe”, Plus Ultra, 3ra. ed., Bs.As.. 1978, p. 31; Gandía, Enrique de, “Expedición de Sebastián Gaboto” en “Historia de la Nación Argentina” de la Academia Nacional de la Historia dirigida por Ricardo Levene, t. III, pp. 428/9; Zapata Gollán, Agustín, “La Fauna y la Flora de Santa Fe”, pp. 12/3, Declaraciones de Junco, Nuremberg y Gaboto ante la casa de contratación de Sevilla. Busaniche, José Luis, “Historia Argentina”, de. Solar/Hachette, Bs. As. 1979, p. 48; Vedia y Mitre, Mariano de, “Don Pedro de Mendoza, Fundador de Buenos Aires”, ed. Estrada, Banco de Italia y Ríos de la Plata, Bs. As.,1980 (cita a Ulrico Schmidl, “Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil”. 
(2) Lafuente Machain, Ricardo, “La Asunción de Antaño”, Bs.As., 1943, p.9; Punzi, Orlando Mario, “Las entradas al Gran Chaco” en “Todo es Historia”, Nº 335, junio 1995, pp. 66 y ss.; Gandía, Enrique de, “Descubrimiento del Río de la Plata, del Paraguay y del estrecho de Magallanes” en “Historia de la Nación Argentina” de la Academia Nacional de la Historia, t. II, 2da. parte, Bs.As., 1955; Schmidel, Ulderico, “Viaje al Rio de la Plata y Paraguay” en Colección Pedro de Angelis, t. VI, Bs.As., 1960. García Viscaíno, José, en “La multiplicación del ganado en el Plata”, diario “La Nación”, 12 de septiembre de 1970, Secc. 2ª, p. 2, sostiene que el sufrimiento modeló el carácter de los conquistadores que supieron de la intensidad de sacrificios que exigía la conquista, y ese carácter rudo y viril lo heredaron los sucesores de la sangre de Solis y Garay, Magallanes y Diego de Mendoza, Medrano, Guzmán, Benavídez y tantos otros”.
(3) En las capitulaciones se le ordena que no permita el ingreso a su jurisdicción de letrados ni procuradores para que no haya pleitos ni conflictos y autoriza a los pobladores para que elijan alcaldes ordinarios (Gianello, L. op. cit.,p.50).
(4) Gianello, L., op. cit., p. 5.
(5) Busaniche, Julio, “Apuntes sobre la fundación y desarrollo de la ciudad de Santa Fe”, ‘, 1929, pp. 18/9.
(6) Cervera, Manuel M., “Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe”, Sta. Fe, 1907, t. I, p. 134.
(7) Barco Centenera, Martín del, “La Argentina”, Canto VIII. 
(8) Casó con Jerónima de Contreras, hija de Juan de Garay. Cfr. Coni, Emilio, “Agricultura, comercio e industrias coloniales”, Buenos Aires, 1941, p. 19. Según el P. Lozano, Hernandarias -ayudado por sus hijas- acarreaba tierra para la construcción del templo de los Jesuitas que “estimaba más ser peón de este que haber sido cuatro veces gobernador”.
(9) Gianello, L., op. cit., pp. 96/103).
(10) El P. Roque González de Santa Cruz, que murió mártir en 1628, estableció las reducciones de Itapuá, Concepción, San Nicolás, San Javier, Yapeyú y Todos los Santos de Coaró. Cfr. Gracía, Juan Agustín, “La ciudad indiana”.
(11) Levene, Ricardo, “Riqueza industrial y comercio durante el Virreinato” en “Historia de la Nación Argentina” de la Academia Nacional de la Historia, T. IV, p. 261.
(12) Robertson, John Parish, “Cartas de Sudamérica” (1815-1817), Bs. As., 1946. Inchauspe, Pedro, “Pilchas gauchas”. Santillán, Diego Abad de, “Gran Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe”, de, Ediar, Bs. As. 1967, t. I.
(13) Busaniche, José Luis, “Historia Argentina”, Solar-Hachette, Bs.As., 1965,p.353; Cutolo, Vicente Osvaldo, “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino (1750-1930)”, de. Elche, Bs.As., 1969, t. II, p. 95; Barreto, Félix G., “Patriotas Santafesinos”, Sta. Fe, 1927, pp. 33/36; Cervera, Manuel M., “Don Francisco Antonio Candioti” en “Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos”, Santa Fe, 1942, t. VII; Candioti, Luis Alberto, “Francisco Antonio Candioti” en ídem, 1965, t. XXXIII, pp. 63/72; Busaniche, José Carmelo, “Hombres y hechos de Santa Fe”, Sta. Fe, 1955, pp. 24, 31, 88 y 94; Avilés, Víctor D. “Gobernantes de Santa Fe desde 1810 hasta 1960”, Rosario, 1960, pp. 40/41.
(14) Las primera colonias se constituyeron antes de 1853. En julio de 1825 Barber Beaumont instala una en San Pedro (Pcia. de Buenos Aires). Cerca de Paraná estaba la llamada “Las Conchas” obra del coronel español Manuel Clemente. Aaron Castellanos convino con nuestro gobernador Domingo Crespo traer 1.000 familias suizas (13 de junio de 1853). En 1855 Augusto Brougnes organizó la colonia San Juan, sobre el puerto de Santa Ana, próxima a Corrientes. Sobre el tema existe una abundante bibliografía. Sólo citaré a Miguel Angel Cárcano, “Evolución histórica del régimen de la tierra pública 1810-1916”, Bs.As. 1917; Juan M. Galli Pujato, “El problema de la tierra y la colonización nacional”, Santa Fe, 1950; Julio Saguier, “Colonización interior”, en Diccionario OMEBA, t. III; Schopflocher, Robert ,“Historia de la colonización agrícola en la Argentina”, Bs.As. Raigal, 1955; Domínguez, C y Villalobos, J., “Colonización integral en tierra de propiedad común y concesión vitalicia individual”, Bs.As., El Ateneo, 1953 
(15) Zemborain, Saturnino, “La verdad sobre la propiedad de la tierra en la Argentina”, ed. del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina, Bs. As. 1973. En 1845 Ricardo B. Newton instala el primer alambrado en su establecimiento “Santa María”de Chascomús. En 1876 se importaron 5.000 tn. de rollos de alambres.
(16) Harrison, Laurence, “El subdesarrollo está en la mente: el caso Argentino” en las Sextas Jornadas Bancarias organizadas por ABRA (Bs.As. 5 de julio de 1995); Giberti, Horacio C.E., “El desarrollo agrario argentino” (Estudio de la región pampeana), de. EUDEBA, Bs.As. 1964, pp.57 y ss. 
(17) Posse, Abel, “La pasión según Eva”, de. Emecé, Bs.As. 1994, p. 106; Kulacs, Pablo, “Los terratenientes”, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1971, p.93, quien afirma: “C.A.P. fue la consecuencia de una larga lucha de los ganaderos argentinos (de la Sociedad Rural) contra las prácticas monopolísticas de la industria frigorífica, dominada por empresas de capital extranjero” . Tenembaum, Juan L., “Orientación económica de la agricultura argentina”, Bs.As., 1946 pp. 51/2. 
(18) Roca, Eduardo, “Julio Argentino Roca (h)”, CARI, “Los Diplomáticos”, 2da. ed. Jockey Club, Bs.As.1995, pp. 83 y ss. El tratado reportó “beneficios generales” para nuestra economía. El gobierno de Yrigoyen “había intentado algo semejante de menor complejidad, pero no pudo llevarlo a cabo. La administración presidida por Justo la puso en marcha… embretado por el proteccionismo europeo y, especialmente, el norteamericano”; Pérez Llana, Eduardo A. “Derecho Agrario”, 4ta. ed., Castellví, 1962, p. 531; Fraga, Rosendo, “El hijo de Roca”, de. Emecé, Bs. As., 1994, pp. 104 y ss. Cabe señalar -dice Fraga- que varios diarios británicos criticaron el acuerdo por considerar que otorgaba concesiones ‘excesivas’ a la Argentina”; Pipino, Ovidio M., “El tratado Roca-Runciman y el desarrollo industrial en la década del 30”, ed. Centro de Estudios Históricos, Bs. As., 1988; Aja Espil, Jorge A., “Tomás Le Breton, su tiempo y su mundo”, ed. Jockey Club, Bs.As., 1994, p. 30. Cita a Horacio Zorraquín Becú quien, en su “Manuel Malbrán” (CARI, “Los diplomáticos”, nro. 7, 1993), sostiene: “malos o buenos (los tratados con Inglaterra), le permitieron a la Argentina atravesar una crisis mundial avasalladora”; Drosdoff, Daniel, “El gobierno de las vacas” (1933-1956) tratado Roca-Runciman, de. La Bastilla, Bs.As. 1972, p. 166; Pereda, Horacio, “La ganadería argentina es una sola”, de. Sella, Bs.As., 1939; Pinedo, Federico, “En tiempos de la República”, de. Mundo Forense, Bs.As., 1946, vol. I; Martínez de Hoz, José Alfredo (h), “La agricultura y la ganadería argentina en el período 1930-1960”, de. Sudamericana, Bs.As., 1967.
(19) Barsky, Osvaldo, “La información estadística y las visiones sobre la estructura agraria pampeana”, en “El agro pampeano. El fin de un período” en colaboración con Alfredo Pucciarelli, ed. Flacso de la Oficina de Publicaciones del CBC, Universidad de Buenos Aires, , 1997, pp. 124 y ss.; Girbal-Blacha, Noemí M. “Ayer y hoy de la Argentina Rural”, Univ. Nac. de La Plata, Nac. del Litoral, Nac. de Quilmes. REUN y Página 12, Ed. La Página, Bs.As., 1997, pp. 52 y ss.
(20) Alemann, Roberto T., “Reflexiones sobre la estabilidad”, de. Jockey Club, Bs. As. 1993, pp. 15/6.
(21) Crotto, Enrique, “Los Sectores Productivos y la Banca. El Ahorro, el Crédito, el Costo del dinero y sus implicancias regionales” en las Sextas Jornadas Bancarias organizadas por ABRA (Bs.As. 7 de julio de 1995). Según el economista Raúl Fuentes Rossi “el crédito en la Argentina va a ser escaso, selectivo y costoso” (Cfr. Diario “La Nación”, Bs.As. 29/IV/1995, 4a. Secc. P. 4). Como signo negativo debo apuntar la evolución del gasto público que en 1991 fue de 47.937 millones de pesos y tres años más tarde alcanzó los 74.804.
(22) Rappoport, Verónica, “Argentina Libre de Aftosa”, Aspectos a tener en cuenta. En rev.”Hereford”, Año LX, Nº 603, pp. 47 y ss. Aclara la autora que los mercados del Lejano Oriente se encuentran virtualmente en manos de Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Ellos demandan animales más pesados y con mayor porcentaje de grasa. 
(23) FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), “Reseña 1997 de la Actividad Económica 1997”, Número Especial, Julio1998, p. 90.
(24) Baldinelli, Elvio, “El Mercosur: oportunidades y riesgos”, ed. Jockey Club, 1995, pp.27/8.
(25) En los EE.UU. se estableció una cuota global de 656.621 tn. de cortes de carnes vacunas. De ellas corresponderán a Australia 378.214, a Nueva Zelanda 213.402, 200 a Japón y 64.805 a otros países indeterminados. Además podremos exceder el volumen asignado pero con un arancel del 31,3% que se reducirá linealmente en un 15%.
(26) Guadagni, Alieto A., “Comenzaron ya las huelgas del siglo XXI?”, en “La Nación”, Bs.As., 18 de enero de 1996, p. 7, sostiene que las huelgas que se produjeron en Francia demuestran la crisis del estado providencia, del “Welfare state” y de la política de subsidios, la que se acentuará durante las próximas décadas. “Lo que no pudo lograr el grupo Cairns ni las apelaciones a la racionalidad económica o a la preservación del medio ambiente será obtenidas en los próximos años por la fuerza arrolladora de la demografía”.
(27) Iriarte, Ignacio “Comercialización de ganados y carnes”. Algunos aspectos de su situación actual. Ed. Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado, Bs. As., julio de 1995; Herrera, Fernando, “La cuota Hilton y los productores rurales” en diario “La Nación”, Bs.As. 29 de abril de 1995, Secc. 4a., p. 4.
El organismo de Solución de Diferencias de la recientemente creada Organización Mundial del Comercio contribuirá a evitar o por lo menos mitigar las políticas proteccionistas. 
(28) La Fundación Okita, debe su nombre al orientador del desarrollo japonés. Fue concebida para multiplicar las relaciones entre la Argentina, Japón y el este asiático. Según el Ing. Agr. E. Takacs las compras niponas oscilan en unas 4.000 tn anuales de carne elaborada. En la actualidad los tres principales rubros donde tenemos ventajas competitivas son carnes, productos forestales y minerales. (Cfr. “La Nación”, Bs. As., 8/VII/1995, 2da. Secc. p. 5).
La Fundación publicó un estudio de Nélida Archenti sobre las expectativas argentino-japonesas, titulado “El Comercio Exterior y la Inversión en la Argentina” (Bs. As. 1995, p. 36), según el cual los países del sudeste asiático (que se han convertido en el centro de mayor crecimiento mundial, estimación que coincide con lo pronosticado por “La Nación” de Bs.As. del 29/IV/1995, 4ta. Secc., p. 1 y con la nota de Arturo Vierheller (h), titulada “Feed-lots y hacienda general del mismo diario y Secc. del 15/IV/1995, p. 1 y “Boletín de la Sociedad Rural Argentina”, año XXXVII, Nº 720, diciembre de 1994, p. 2) que podrían comerciar con nuestro país serían Japón en un 48,85%, China en un 35,0%, Corea 33,8%, Malasia 21,3%, Taiwan 13,8%, Singapur 8,0%, Indonesia 8,8%, Thailandia 5,0%, Filipinas 3,8%, Hong Kong 3,8%, Vietnam 1,3%, etc. En alimentos los posibles inversores en nuestro país, de acuerdo con el informe Okita, son Japón, China, Corea, Malasia, Taiwan y Singapur y en agroindustria los cuatro primeros . 
(29) Carreras, Alberto de las, “Carnes: un nuevo escenario”, en “La Nación”, Bs.As. 17/VI/1995, 4ta. Secc. La nota refiere el último Congreso Internacional realizado por la OPIC (Oficina Permanente Internacional de la Carne, de la que fui fundador en Madrid en 1974 por la Sociedad Rural Argentina y cuya tesorería ejercí durante cuatro años ) y subraya la asistencia de 850 delegados de los cuales 220 eran del Asia. La información referente a la ASEAN pude verse en el diario “ABC” de Madrid del 30/VII/1995, p. 34. Los datos sobre China fueron publicados por el “Informativo Semanal” de la Bolsa de Comercio de Rosario, año XIV, Nº 693, de agosto de 1995, pp. 12/3.
(30) Solbrig, Otto T., “Agricultura y alimentación” en diario “La Nación” de Bs. As. del 29/IV/1995, 4ta. Secc., p. 1; cfr. “Ambito Financiero”, Bs.As., 14/VIII/1995, p. 18; Garat, Luis E. , “Ganadería, despejar los nubarrones”, en rev. “Anales” de la Sociedad Rural Argentina, año CXXVIII, Nº 2, agosto de 1995, pp. 4/6.Según Roberto T. Alemann (op. Cit. P. 18) los subsidios (a la producción agropecuaria) de los 24 países agrupados en la Organización Económica para el Desarrollo y la Cooperación (O.E.C.D.), con sede en París, alcanzaron el alucinante importe de 354.000 millones de dólares. Los déficits de esos 24 países, excepto Japón y Luxemburgo, alcanzan a la módica suma de un billón de U$S. anuales; o sea, el 4% del PB mundial.
El organismo de Solución de Diferencias de la recientemente creada Organización Mundial del Comercio contribuirá por lo menos a mitigar las políticas proteccionistas.

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